Mensaje de Alberto Fernández al participar esta mañana mediante videoconferencia de la segunda sesión plenaria de la cumbre de Líderes del G20, que lleva el nombre “Construyendo un futuro inclusivo, sostenible y resiliente”

Su Majestad, distinguidos colegas. Como ya les dije, estoy convencido de que podemos estar ante un verdadero cambio de época. A los desafíos globales que ya enfrentábamos, como el cambio climático, las asimetrías entre países centrales y periféricos y la desigualdad social que padecen América Latina y otros continentes, hoy se suman los efectos sanitarios, económicos y sociales de la pandemia. Esta situación nos invita a una reflexión sobre la estrategia para aprovechar la crisis de manera tal que no volvamos a quedar en ese lugar de tanto desequilibrio y desencuentro.

La forma en que actuemos hoy determinará el mundo posterior al COVID. El camino de salida requiere promover políticas económicas, industriales y sociales orientadas al cambio estructural de nuestras economías, que hoy solo favorecen que el ingreso se concentre en muy pocos y que la pobreza se distribuya entre millones. Exige transformaciones profundas que garanticen un equilibrio entre el crecimiento económico, la inclusión social y la sostenibilidad ambiental.

La pandemia ha causado la pérdida de más de un millón de vidas humanas y sus consecuencias son difíciles aún de dimensionar. Erradicar la pobreza, como nos comprometimos en la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas, debe ser un objetivo central que nos comprometa. Hoy, debemos renovar nuestra determinación para dar respuesta al desafío global que el presente nos impone.

El COVID-19 agravó la crisis alimentaria mundial. Necesitamos comprometernos en aliviar esa situación. Nuestras políticas están orientadas a aumentar el potencial productivo agrícola en todas las regiones del país. Un comercio agrícola abierto y transparente es esencial para poner fin al hambre atendiendo las necesidades de los más desfavorecidos. Pero no se trata sólo de asegurar la comida para simular un ‘decoroso sustento’. Es imprescindible que todos accedan al derecho a la propiedad sin exceptuar a nadie. Esto implica acceso a la salud, acceso al empleo y, especialmente, acceso a la educación. La educación pública es la base para construir una sociedad democrática, con justicia social y respeto a los derechos humanos.

La pandemia puso de relieve que la conectividad y la inclusión digital son derechos básicos que debemos garantizar para todas y todos. Aún persisten brechas considerables en el acceso efectivo al mundo digital. Por eso, diseñamos un plan de conectividad, distribuimos equipos y brindamos formación docente en el uso de herramientas digitales. Estamos comprometidos con el acceso a una educación inclusiva, equitativa y de calidad para todos, en particular para todos en particular y fundamentalmente para las niñas y los grupos vulnerables.

La pandemia nos exige acelerar el proceso de inclusión financiera digital, otorgando acceso igualitario y universal, así como adoptar las medidas necesarias para asegurar que nadie se quede atrás. Para apuntalar la recuperación debemos aumentar la inversión de calidad en infraestructura con el objetivo de aumentar la productividad, la creación de empleo y lograr un crecimiento sólido. La tecnología permite aumentar la eficiencia en muchos sectores de la economía, pero debemos ser conscientes de los costos sociales que tanto a corto como a largo plazo ella depara.

La brecha de género no sólo debe reducirse en materia de educación o de acceso a la tecnología, sino también en el mercado laboral y productivo. En América latina, el tiempo del fin del patriarcado ha empezado. El patriarcado ha comenzado a estar en tela de juicio. El empoderamiento de las mujeres resulta un imperativo moral y ético que además de ampliar legítimamente derechos, ayuda en la lucha contra la pobreza, la inseguridad alimentaria, y promueve un desarrollo más veloz de nuestras sociedades.

La pandemia nos impuso enormes desafíos en todas las áreas. También en el sector energético. Generó un impacto muy negativo en la producción, en las inversiones y el empleo. El fortalecimiento de la cooperación energética internacional es esencial para aumentar la innovación. Nuestro país está comprometido con una agenda de transición justa hacia el desarrollo integral y sostenible.

Esta crisis también nos conmina a abordar la sostenibilidad de nuestro futuro ambiental. Debemos acrecentar los esfuerzos conjuntos para la conservación y el uso sostenible de los ecosistemas y los bienes y servicios asociados. El compromiso con la agenda ambiental también requiere una importante provisión de recursos financieros, creación de capacidades y transferencia de tecnología, a la luz del Principio de Responsabilidades Comunes pero Diferenciadas. Es necesario un compromiso colectivo para lograr la pronta y efectiva implementación del Acuerdo de París. Nadie se salva solo en un planeta que se incendia, se inunda o se envenena.

Invitamos a redoblar los esfuerzos para apoyar acciones en materia de adaptación y reducción de riesgos de desastres, en particular, para las comunidades más vulnerables. Fomentar la coherencia entre las acciones de mitigación, las medidas de adaptación y la protección del ambiente, a la luz de la ciencia climática. Nuestro compromiso es garantizar una transición justa e inclusiva hacia un desarrollo sostenible. Muchas gracias.

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