Palabras del Presidente de la Nación, Alberto Fernández, durante la inauguración del encuentro virtual con autoridades de la Pastoral Social, representantes del agro, los trabajadores, los empresarios y los movimientos sociales, desde Olivos.

Buenas tardes, a todos un abrazo y los felicito por la buena idea que han tenido y les agradezco que me dispensen un tiempo para hablar con ustedes, para pensar juntos en un tiempo muy singular, que es el tiempo que vive en la pandemia.

Yo suelo decir que somos una generación y seguramente será única, es la generación de la pandemia, porque la verdad ni quienes nos precedieron ni quienes nos sucederán van a tener que vivir una experiencia, como la que nosotros estamos viviendo. La pandemia es una experiencia – lamentablemente – inigualable, que nos somete a desafíos que definitivamente no esperábamos. Si alguien me preguntara a mí que si cuando pensaste en ser Presidente y escribías los cien problemas o los mil problemas que debía enfrentar, estoy seguro que no incluiría la pandemia como un problema. Esto fue algo absolutamente inesperado que nos sometió a un nivel de exigencias, que nadie, absolutamente nadie, ninguna generación previa a la nuestra ha tenido que vivir. Porque no se trataba sólo de la lucha por un mal momento económico, es la lucha por la vida misma, la lucha por el cuidado del otro, es la lucha por la supervivencia, es la lucha por la protección del que peor está.

Y debimos hacerlo en un contexto muy complejo, porque cuando nosotros asumimos el Gobierno, la situación era de una dificultad enorme. No quiero aburrirlos porque todos vivimos esos días, pero era una Argentina – económicamente – decadente, era una Argentina endeudada y era una Argentina con pocas expectativas de futuro.

Lo cierto es que aún así, con todo lo negativo que la pandemia conlleva, justo es decir que también es una oportunidad, porque la pandemia nos permitió dejar al descubierto muchas cosas, nos permitió dejar al descubierto la debilidad del sistema económico del mundo. Repentinamente un virus, que es imperceptible a la vista humana, puede arrastrar no solamente la salud y la vida de los seres humanos, sino puede arrastrar a la economía del mundo como la arrastró. Y eso me parece que es para que lo pensemos, porque en las últimas décadas el capitalismo empezó a funcionar con otras lógicas, donde lo financiero fue mucho más importante que lo productivo y allí empezó a tergiversarse lo bueno del capitalismo, que es alguien que arriesga dinero para producir y dar empleo. Y eso empezó a tergiversarse el día en que el gerente de producción de cada empresa fue menos importante que el gerente financiero de la empresa.

Que este desarrollo y este despliegue con los derivados financieros, que empezaron a mostrar su debilidad, allá cuando explotó la burbuja del año 2008, la burbuja hipotecaria ha expresado su total debilidad en este pandemia porque no pudo sostener ni el valor de las acciones, ni el valor de los bonos de las potencias más grandes del mundo y que con la caída de la economía arrastró a la caída del trabajo y arrastró al aumento de la pobreza.

Hoy, en la Argentina, supimos que 4 de cada 10 argentinos es pobre y en eso tiene que ver mucho la pandemia. Y los resultados de la pobreza, en la Argentina, serían infinitamente más negativos sino hubiera el Estado auxiliando como estuvo.

Nosotros hemos desplegado un montón de instrumentos para llegar a los más vulnerables. Por eso, desde el día que asumimos tomamos un poco esa consigna del Papa Francisco de: “primero los últimos”. Era eso que yo repetía una y otra vez de la ética de la solidaridad, de la que hablaba Alfonsín, tenderle la mano a los que están en el fondo del pozo y volverlos a subir al escenario social para que se hagan parte de la sociedad, de la que nosotros somos parte.

Y esa lucha, que empezamos, el 10 de diciembre, para tratar de que primero estén los que están más postergados definitivamente se vio complicada por la pandemia. Aún así seguimos con la misma lucha y por eso la cantidad de planes y de ayuda social, que desplegamos en todos esos meses.

Uno no lo advierte, pero yo siempre marco un dato para que nos demos cuenta de la dimensión de esa crisis. Miren, cuando nosotros pusimos el IFE en funcionamiento lo hicimos pensando que el IFA iba a alcanzar a 600.000 monotributistas de las más bajas categorías y alrededor de 2 millones de personas que entendíamos que el Estado no tenía registrado y ese número fue creciendo y creciendo hasta descubrir que había 9 millones de argentinos que el Estado no tenía registrado y estaban totalmente fuera del sistema. 9 millones de personas es más del 20 por ciento, de la Argentina. Esto quiere decir que 1 de cada 4 argentinos, más o menos, el Estado no sabía de su existencia, no sabía de qué trabajaba, no sabía de qué vivía, no sabía si estudiaba. Así nosotros descubrimos cuán ausente estuvo el Estado para millones de argentinos. Y fuimos en auxilio de esos argentinos y fuimos en su auxilio con el Plan Contra el Hambre, con la Tartera Alimentaria, aumentando la Asignación Universal por Hijo, tratando de aumentar el ingreso de los jubilados y lográndolo por encima del proceso inflacionario. Y así y todo la pandemia nos dejó con la situación de pobreza, que hoy enfrentamos, y que es el desafío que tenemos que asumir hoy, con miras al mañana.

La pandemia, además, demostró lo lógica del individualismo, que tanto crítica también el Santo Padre, es una lógica que no nos hace funcionar bien como sociedad. El individualismo sólo promueve lo mejor que como sociedad deberíamos tener, que es la condición de la solidaridad. Esa idea de que aquí nadie se salva solo, nunca quedó tan expuesta la certeza de esa afirmación como en la pandemia. Porque por la pandemia han perdido todos, algunos perdieron mucho más, es cierto, los más postergados han padecido mucho más la pandemia, pero perder… perdieron todos.

Fue una situación muy trágica y es una situación muy trágica la que conlleva a la pandemia, pero tal vez sirva para regar en el mundo, y en la sociedad argentina, en particular, la idea de la solidaridad que fue perdida y defenestrada, durante todos estos últimos años, donde la idea de que por el mérito de uno alcanzaba para sobrellevar el presente y el futuro ha quedado al descubierto de que no es cierto. La idea de que no todos tenemos las mismas oportunidades y de que como no todos tenemos las mismas oportunidades las condiciones de desarrollo para todos son muy desiguales hablan de la falta de solidaridad que la Argentina ha vivido. Yo les diría que tengo la tranquilidad de que los argentinos en sí hemos podido desarrollar un proceso de enorme solidaridad a lo largo de todos estos meses. Lo hemos visto, hemos visto cómo trabajan las organizaciones sociales tratando de contener a los que más débiles están, hemos visto el esfuerzo mancomunado de la sociedad argentina por ir en auxilio de los que la estaban pasando mal.

Y ese esfuerzo que hizo el Estado estuvo acompañado por organizaciones sociales, por la iglesia, por las religiones, por otros credos, todos mancomunados por el esfuerzo común fueron en socorro de los que peor la estaban pasando y ojalá –que esa solidaridad que se manifestó en la pandemia – se convierta en moneda corriente, en la Argentina del futuro. Porque la Argentina del futuro sigue necesitando de la solidaridad. Y la solidaridad, en el futuro, es básicamente poner en cabeza de cada uno condiciones de desarrollo y generar un proceso de igualdad, en el sentido de que todos definitivamente tengamos mejores oportunidades para vivir mejor, para desarrollarnos y para crecer.

La idea de la solidaridad para mí es muy importante y es un cambio sustancial que la pandemia nos exige reflexionar. Nos exige porque, de verdad, de repente apareció ese virus imperceptible a la vista humana y todas las fortunas se deterioraron y todas las inversiones se cayeron. ¿Y de qué sirvió esa acumulación tan desigual de ingresos? No sirvió de nada y sobre esas cosas debemos reflexionar para ver cómo reconstruimos el mundo del futuro y la Argentina, en particular. Y cómo hacemos, para que en la Argentina, el ingreso se distribuya de mejor modo, porque la concentración lo único que ha logrado es que haya pocos ricos y millones de pobres. Pero esos pocos ricos pueden caer en la desgracia de la pandemia con la misma facilidad con la que cae un pobre, son esos desafíos los que tenemos por delante: construir una sociedad más igualitaria, más equitativa, más equilibrada. Y es en eso en lo que estamos empeñados. Porque la verdad, en este tiempo, la solidaridad se ha visto y muchos han dejado su vida en el intento. Recuerdo al Padre Bachi, que hoy ya no está con nosotros y que dejó su vida por el coronavirus trabajando con sus vecinos de barrios más carenciados. Y como él podría recordar a un montón de hombres y mujeres, que trabajaron en la salud y en la atención de los enfermos y, en el camino, dejaron sus vidas.

Yo quiero que todo eso no haya sido en vano, que todo eso nos permita construir un futuro distinto, en la Argentina.
Porque la verdad, cuando nosotros llegamos, la pobreza era del 35, 36 por ciento, y hoy es del 40 por ciento; y la verdad es que nadie puede estar en paz con su conciencia sabiendo que cuatro de cada diez argentinos está debajo de la línea de pobreza; que uno de cada diez está en estado de indigencia, nadie pude estar en paz con su conciencia con eso. Para resolver eso la solidaridad tiene mucho que ver, y en eso tenemos que empeñarnos, tenemos que construir un país con otras lógicas, estas lógicas solo han generado concentración del ingreso y distribución entre millones de la pobreza y de las carencias.
La pandemia además –siempre lo marco- nos obliga a pensar también en cómo va a ser la reconstrucción de la producción en el futuro, si en el futuro vamos a seguir maltratando al medioambiente como lo hemos maltratado hasta hoy; ya tenemos de por sí el daño natural que el cambio climático ha generado, como producto de esa desatención del medioambiente, y ahí tenemos cómo se están quemando campos en Córdoba, cómo están padeciendo por la sequías, ¿cuánto tiempo más vamos a seguir pensando antes en acumular dinero?, no lo sé, yo quisiera que la pandemia nos haya servido para que finalmente empecemos a pensar en un proceso productivo que deje de lastimar el lugar donde vivimos, que empiece a reemplazar los combustibles fósiles por sistemas energéticos renovables; y que empecemos a cuidar también el lugar donde vivimos, porque también en la pandemia lo que hemos podido corroborar es que cuando nosotros, los seres humanos, nos encerramos, lo que garantizamos son mejores condiciones medioambientales: garantizamos que el aire sea más puro y garantizamos que el agua sea más cristalina, y que el problema contaminante somos nosotros en la calle, no los animales sueltos, nosotros en las calles.
Es una oportunidad que tenemos, enorme, para construir otro mundo, un mundo mucho más solidario y un mundo que piense también en el mundo, que piense que las generaciones futuras pueden vivir sin el nivel de contaminación y de daño que ha generado nuestra generación y las que las precedieron a la Tierra. Piensen ustedes que cuando en la Cumbre de París se discutió empezar a reducir el uso de combustibles fósiles, las grandes potencias del mundo se quejaron, muchas no firmaron o se retiraron de aquel acuerdo, porque decían que dejar de usar combustibles fósiles podía terminar generando una caída del PBI mundial de 4 puntos, un día llegó la pandemia y la caída del PBI va a superar los 10 puntos, calculan todos: ¿de qué sirvió?
Nosotros tenemos por delante una oportunidad, una maravillosa oportunidad, que es hacer un mundo distinto. Yo quisiera que finalmente todos trabajemos con esa idea, Miguel Acevedo, que es uno de los que está convocando a este encuentro, Héctor Daher, que lo veo allí, con ellos hemos hablado una y otra vez en pensar el modo de construir una Argentina donde todos nos sentemos a la mesa para acordar un futuro, que el futuro que acordemos sea un futuro donde todos ganemos, porque una acuerdo donde gana uno y el otro pierde no es un acuerdo, eso se parece más a una estafa. Una sociedad que hace que uno gane y el otro pierda, eso no es una sociedad, eso es una estafa. Entonces nosotros podemos salir de la lógica de la estafa y podemos construir la lógica del acuerdo, y en la lógica del acuerdo que todos ganen, y, antes que nadie, que ganen los que peor están. Porque ese es un reclamo ético que tenemos como hombres y mujeres de la política, o como hombres y mujeres dirigentes; o como hombres y mujeres formadores de opinión, tenemos el deber y la obligación de tender la mano al que cayó en el pozo de la pobreza, y ayudarlo otra vez a subir al escenario de la sociedad. Eso significa darle trabajo, eso significa darle educación y eso significa dar salud. Eso significa garantizar una vejez digna. Todo eso significa. Y yo estoy convenido que podemos hacerlo y vamos a hacerlo, si ustedes miran el presupuesto que hemos presentado para el año entrante, se van a dar cuenta que esa es nuestra mayor obsesión, fíjense cómo se gastan los recursos, se van a dar cuenta que nuestra mayor obsesión está puesta en generar más producción y más empleo, y recuperar con el empleo a todos, volver a traer a todos aquellos que lo han perdido, que se han quedado sumidos en la turbulencia de la pobreza.
Yo creo que esa es la obligación que tenemos, ese es el verdadero debate que tenemos como sociedad, a veces siento que a los argentinos nos enredan en debates estériles, en debates inútiles, en debates que no son los debates de la gente, y dejamos de debatir estos temas.
Hemos logrado superar el problema de la deuda con los acreedores privados, viene ahora el momento de ordenar la deuda con el Fondo Monetario Internacional, y la deuda es un gran condicionante, lo era antes, piensen ustedes solamente que este año, en esta crisis, deberíamos haber pagado 7 mil millones de dólares que no sabríamos de dónde sacarlos.
Yo espero que lo que nos pasó con la deuda, que tras la deuda vino la pandemia, todos tomemos noción de que la deuda es un conflicto para la economía argentina, y debamos entender que tenemos que empezar a crecer con otra lógica, porque la deuda no fue crecimiento, la deuda sirvió para que se fuguen dólares, no sirvió para que crezcamos, no sirvió para un mejor desarrollo, no sirvió ni para tener mejor salud ni sirvió para tener más educación, sirvió para que unos pícaros se lo lleven afuera. No sirvió para que no se cierren 25 mil pymes; no sirvió para que crezca la industria, no sirvió para que crezca el empleo. Sirvió para la picardía de unos pocos. Y espero que hayamos aprendido de la experiencia.
Cuando la pandemia llegó de repente descubrimos que teníamos una crisis en la salud, que había sido abandonada en los últimos años; que esa crisis además estuvo también potenciada por quienes creyeron que no hacían falta más hospitales. A mí me apena ver que voy a inaugurar hospitales que estaban listos en el año 2015 y que nadie se ocupó de inaugurarlos en los cuatro años siguientes. Lamento ver infinidad de obra pública que se suspendió en el año 2015 y nadie siguió haciéndola hasta volvimos a llegar nosotros. No digo esto para reprochar a nadie, solo para saber que eso nunca puede volver a pasarnos, nunca más. Y que también es parte de la responsabilidad de la política que eso no vuelva a pasar, no sirvió de nada tomar deuda como se tomó, no sirvió de nada pensar que el control fiscal se logra con menos salud o con menos educación, no sirvió de nada.
Tenemos una gran oportunidad por delante, y esa oportunidad la tenemos que construir entre todos, y tenemos que terminar con disputas estériles entre nosotros. No se trata de que todos uniformemos el discurso o de que todos uniformemos el pensamiento, se trata de que todos tengamos un objetivo, construir una Argentina con trabajo y con producción. Y que dejemos de lado las falsas disputas que todos los días algunos plantean, porque en este tiempo nadie se salva solo, y todos necesitamos de todos, y aquí nadie sobra en la Argentina, la idea de pensar una Argentina para pocos, esa no es la idea nuestra, la nuestra es una Argentina inclusiva, que le tienda la mano a todos, que ampare y abrace a todos y cada uno y cada una de las argentinas. Ese es el deber que tenemos, y esa Argentina necesita de todos nosotros, nadie sobra en esa Argentina. No caigamos, les vuelvo a repetir, en debates estériles, en falsas contradicciones, pongamos nuestro empeño en trabajar en ese sentido. Si lo hacemos vamos a hacer culto, permítanme la redundancia, hacia la cultura del encuentro, encontrarnos significa eso, fijarnos un objetivo e ir en busca de ese objetivo, y que el objetivo se concrete a través de la solidaridad y del compromiso de todos, y que después las disputas por cómo pensamos, las disputas políticas, las saldemos a la hora de las elecciones. Este es un tiempo que a todos nos necesita juntos, es un tiempo donde nadie sobra, donde todos hacemos falta. Esa es la Argentina que debemos construir.
Gracias Carlos Accaputo por darme este tiempo, gracias a todos y todas por escucharme, los abrazo a la distancia y les deseo lo mejor, y los comprometo a que entre todos hagamos la Argentina que nos merecemos. Muchísimas gracias.

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