Palabras del Presidente de la Nación, Alberto Fernández, durante la presentación del plan estratégico Argentina Vitivinícola 2030, en Luján de Cuyo, provincia de Mendoza

Buenas tardes, no sé muy bien qué debo decir a todo Mendoza; mendocinas, mendocinos muy contentos de estar aquí, en el Día de la Vendimia, feliz de poder acompañarlos; gracias querido Gobernador por la invitación; gracias José por la invitación, mi abrazo a los ex Gobernadores, mi afecto de siempre: bueno muy interesantes los dos discursos que precedieron estas palabras mías.

Hace 18 años – cuando Néstor era Presidente y Julio era Gobernador – llevamos adelante el primer Plan Estratégico para la Industria de la Vitivinicultura. Lo hicimos convencidos de que la Argentina allí tiene un potencial enorme para desarrollar. El vino argentino no es cualquier vino, es un muy buen vino y no sólo lo sabemos los argentinos, lo sabe el mundo. A muchos lugares del mundo ese vino llega, ese vino está signado por la calidad y el mundo entero reconoce la calidad del vino argentino. Y nosotros – en aquel momento – dijimos. “tenemos que darle fuerza, tenemos que darle potencia a toda la actividad de la vitivinicultura”, donde aparecen, a veces, separados pero nunca debieron estarlo los que producen la uva y los que industrializan el vino.

Somos el quinto país más importante en producción de vino industrializado; por arriba nuestro está España, Italia, Francia, Estados Unidos, claro, fíjense en qué lugar de privilegio estamos para poder desarrollar esta actividad.

Una actividad que – efectivamente – concentra su mayor volumen, en Mendoza y San Juan, pero que también se desarrolla más al Norte, en Catamarca, en La Rioja, en Salta, donde el vino torrontés es tan rico, tan preciado, tan buscado; está San Juan con su Syrah tan especial y aquí, en Mendoza con su Malbec y su Bonarda, que está como empezando a irrumpir en los mercados. La verdad que los argentinos tenemos que darnos cuenta que acá hay un potencial de desarrollo inmenso, enorme que no podemos desaprovechar, pero que no debemos desaprovechar.

Y el secreto para que esto funcione está exactamente en el lugar donde lo plantearon José y Rodi, antes que yo en sus palabras: en el encuentro, en el trabajar juntos, en el darnos cuenta que no estamos trabajando ni para el Gobierno Nacional, ni para el Gobierno de Mendoza, estamos trabajando para la gente que vive aquí, al Este de la Cordillera, en Mendoza para el Norte, pero también para el Sur, porque también han aflorado los vinos del Sur, los vinos fríos, los vinos del frío, como los llaman y cuando uno habla de toda esta producción habla de hombres y mujeres que viven de eso, que tienen la posibilidad de crecer y desarrollarse en sus tierras produciendo vides, industrializando vinos, mejorando los jugos. Para nosotros todo ese desarrollo es central para el país, porque como bien se ha dicho aquí, el vino que se exporta permite que ingresen dólares que tanto necesitamos en este tiempo.

Nosotros cuando miramos, retrospectivamente qué ha pasado con ese Plan, evidentemente, no por culpa del plan, sino porque ese plan se desarrolla, en Argentina, es un plan con claroscuros, que tiene grises y que tiene éxitos. Muchos mercados del mundo se han ganado, gracias a ese plan y a la decisión de productores, de industriales, del Gobierno de Mendoza, del Gobierno Nacional de impulsar el ingreso de los vinos argentinos, a todo el mundo. Y no ha tenido buenos resultados en otros aspectos, porque – por ejemplo –el consumo de vino ha caído, en la Argentina y a pesar de ser la bebida nacional – como bien dijo Rodi – los argentinos consumimos cada día menos vinos y no es esencialmente por culpa de los que producen esos vinos tan exquisitos, hay también culturas que van variando y que afectan el consumo; por ejemplo, es difícil competir, en estos tiempos, con un producto que tiene alcohol porque, al mismo tiempo, hay una enorme campaña para que el alcohol no se consuma y entonces aparecen los nuevos desafíos, como producir por ahí vinos con baja gradación de alcohol o sin alcohol, como han hecho muchas cervezas, que han avanzado en el mundo del consumo por sobre los que eran consumidores de vino.

Nosotros podemos encontrar también razones en el contexto económico, que vive la Argentina, simplemente, pero más allá – para no mirar y no entrar en detalle de lo que nos pasó – pensemos en lo que debemos hacer. Lo que debemos hacer es trazarnos un plan como sociedad, como país para ver cómo este enorme potencial que es el vino argentino gana espacio. Si gana espacio ganan los que producen y trabajan en las vides; ganan los industriales y las industrias del vino, gana Mendoza; gana San Juan; gana Catamarca, gana La Rioja; gana Salta; gana el Estado Nacional porque cuando se exporta el Estado Nacional mejora sus ingresos. Por lo tanto, la idea de que juntos nos dispongamos a que este Plan sea debatido y sea ejecutado, quiero ser parte yo – como Estado Nacional – de ese trabajo, quiero comprometerme.

Ayer, sin ir más lejos, con Gustavo Béliz tuvimos la primera reunión de nuestro Consejo Económico y Social y empezamos ya en concreto a analizar cuestiones, que tienen que ver con el desarrollo de muchos sectores económicos, de la Argentina. Era muy interesante ver cómo empezaban a aparecer datos que no estaban antes en la agenda de todos, estaba en la agenda de algunos, pero no de todos. El dato – por ejemplo – de cómo aprovechar las nuevas tecnologías para el desarrollo industrial, cómo esa industria 4,0 crece en la Argentina y se desarrolla. Eso en un extremo; en otro extremo cómo desarrollar la agricultura familiar, cómo preservar las economías regionales y – yéndose más al final, al otro lado – viendo cómo la economía popular participa de todo esto. Lo estamos haciendo con sectores industriales muy poderosos, de hecho tenemos casi ya cerrado, para mandar al Congreso Nacional, la Ley del Plan Estratégico de la Industria Automotriz y hemos avanzado muchísimo con el Plan Estratégico de la Industria Agroalimentaria. ¿Y por qué no podría ser el tercer Plan Estratégico, si tan hablado está y ya tan avanzado está, que la industria de la vitivinicultura y la actividad de la vitivinicultura sea el tercer proyecto, que como ley, mandemos al Congreso Nacional, en esa mesa de concertación, donde tenemos que estar todos? (APLAUSOS)
Porque bien ha dicho el Gobernador, antes que yo, miren lo planteaba ayer, en el discurso de cierre, del Consejo Económico y Social: la unidad no significa fijar un discurso único. Los discursos únicos siempre degradan la calidad democrática y la convivencia y todos debemos tener nuestra opinión, nuestras miradas y debemos respetarnos; debemos ser respetuosos también en el debate. Ahora, la unidad es como – me gusta decir – es una unidad sinfónica, no es una unidad donde todos repiten y tocan el mismo instrumento; se trata de que todos toquemos el fa mayor, en clarinete, eso es el discurso único. Nuestra sociedad es como una gran orquesta, hay quienes tocan vientos, hay quienes tocan teclados, hay quienes tocan cuerdas, hay percusionistas; si cada uno toca lo que quiere eso hace un ruido y un barullo imposible.

Ahora, si el que toca el clarinete, toca el fa, en el momento en que corresponde; el que toca el violín toca el sol, en el momento en que corresponde y el de los teclados va coordinando acordes para acompañar a otros y las tumbadoras dan los golpes en el momento en que corresponde todo eso tiene armonía y todo eso suena bien. El secreto de quien gobierna no es hacer que todos toquen el clarinete en fa, es hacer que todos toquen el clarinete, la tumbadora, el piano en el momento en que corresponde y que todo suene en armonía. Que suene en armonía nos va a permitir lograr un objetivo, que también planteó el Gobernador, de Mendoza, que es erradicar para siempre el hambre, en la Argentina; terminar con la pobreza. Nadie que haya abrazado la política y se siente parte de un movimiento popular puede pensar que se puede vivir en paz, en una sociedad, donde cuatro de cada diez argentinos, está sumido en el fondo de la pobreza. Nadie, nadie. Eso ni siquiera sirve para el buen desarrollo de un buen capitalismo, porque un buen capitalismo necesita consumidores, y los consumidores – expulsados al mundo de la pobreza – dejan de ser consumidores.

Es lo que les digo, más allá de lo épico que nos impone terminar con la pobreza, créanme que es un buen negocio terminar con la pobreza, es un gran negocio, es generar más consumidores, es hacer crecer la economía, es incluir, porque además todos nos sentimos más cómodos, en un mundo donde todos disfrutamos del hecho de vivir, y no de un mundo donde pocos disfrutan el hecho de vivir y millones padecen en la marginalidad y la pobreza. Porque esa es una deuda que tenemos no tenemos derecho a no ponernos de acuerdo, nosotros los que gobernamos, la clase dirigente – como le llaman algunos – todos: sindicalistas, empresarios, trabajadores de la economía formal e informal, todos los que ejercemos funciones en el gobierno, todos tenemos la obligación de ponernos de acuerdo… por esa gente, por los que padecen, por los que sufren, no sé cuándo empezaron, no sé hasta cuándo van a durar, lo que sé es que mi obligación y la nuestra es que ese martirio que tantos millones están padeciendo se termine cuanto antes. Y que los privilegios – de que algunos gozan – se terminen cuanto antes. Y esos privilegios también me obligan a mí como Presidente a ayudar a que los productos que se industrialicen cada vez paguen menos retenciones; lo hemos hecho con los vinos, que hemos reducido las retenciones, después de nuestra llegada; lo hacemos con toda la producción regional, con todas las economías regionales, con los productores del Valle de Río Negro y tantas economías regionales que hay en el país, tratar de bajar las retenciones para ayudarlos a lograr a que exporten y se vuelvan más competitivos y que así produzcan más, den más trabajo y tengan más utilidades, por qué no.

Esa es la tarea que nos debemos, nos lo debemos para el vino; nos los debemos para las economías regionales; nos lo debemos en cada lugar donde los desequilibrios desaparecen porque con desequilibrios algunos crecen y otros miran y ese no es buen modo a avanzar, de crecer o de vivir en sociedad. Yo les garantizo que, el Estado Nacional, va a estar al lado de cada uno de ustedes para hacer desarrollar la industria de la vitivinicultura. Es el mismo compromiso – que tomamos con Néstor – hace 18 años. La historia cuenta – muchas veces me pasa – que aquello que Néstor inicia o Cristina inicia me toca a mí terminarlo de hacer, ojalá podamos, esta vez, hacer que el Plan Estratégico de la Vitivinicultura les sirva a la Argentina, no sólo a los mendocinos, que genere más y mejor vino, que nos permita entrar en el mundo, que recuperemos los niveles de consumo, que la Argentina tuvo, que además de ser la bebida nacional la tomemos como bebida nacional que es, que logremos el mejor desarrollo, acá donde la cordillera termina, o donde la cordillera termina en valles, no los mejores valles, valles áridos, como bien contó el Gobernador, un desierto que, a merced de una política adecuada de aguas, sostenida a través del tiempo, pudo convertirse en esto. Nosotros estamos para sumarnos; nosotros estamos para hacer que la industria de la vitivinicultura no pare de crecer; nosotros estamos para al lado de Mendoza, al lado de San Juan, al lado de Catamarca, al lado de La Rioja, la lado de Salta, para ayudar a que todo esto crezca, porque si todo esto crece, crece la Argentina y entre todos y todas una vez y para siempre, podemos hacer la sociedad que nos merecemos.

Gracias a todos y todas por darme esta oportunidad. Feliz Día de la Vendimia. Gracias. (APLAUSOS).

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