Palabras del presidente de la Nación, Alberto Fernández, en el acto de apertura de la tercera edición de “Nosotras movemos el mundo”, dentro de las actividades para conmemorar el Día Internacional de las Mujeres Trabajadoras, desde el CCK

Palabras del presidente de la Nación, Alberto Fernández, en el acto de apertura de la tercera edición de “Nosotras movemos el mundo”, dentro de las actividadess para conmemorar el Día Internacional de las Mujeres Trabajadoras, desde el CCK

Buenas tardes a todos, todas y todes, muy bien, ¿cómo les va? Las mujeres mueven el mundo, es muy cierto, lo han demostrado muchas veces a lo largo de la historia, como también a lo largo de la historia otros se ocuparon de invisibilizarlo, que no se diera.

En verdad, charlaba ayer, con mi maestra en igualdad – que se llama Vilma Ibarra – que está con el memorándum del Fondo y no pudo estar, de lo grave que es vivir en una sociedad que no iguala, y de lo grave que es vivir en una sociedad, que culturalmente piensa que el hombre tiene cierta posición de dominio sobre la mujer.

Ayer leía a un opositora, presidenta de un partido opositor, que la criticaba a Eli, porque Eli había llamado la atención por un hecho atroz, que habíamos visto, que es ese abuso y violación de una chica, por parte de seis hombres.- y en verdad lo que Eli hacía en ese tuit era llamarnos la atención a todos nosotros, porque – en algún lugar – anida la idea de que los hombres pueden tener como objeto de divertimento a una mujer. Eso es horroroso, eso es horroroso por donde se lo mire y de verdad que eso pasa. Lo primero que hace falta entender para poder cambiar las cosas es entender lo que pasa. No se puede cambiar la realidad si uno no asume la realidad.

Y lo primero que hay que decir es qué nos pasa. La verdad que este mensaje que voy a proponerles, en este acto, donde empieza un momento para recordar que las mujeres mueven el mundo, es una serie que empieza acá, sigue en Tecnópolis y que yo celebro, y que seguramente culminará con el Día de la Mujer, de verdad voy a hablarles más a los hombres que a las mujeres, esa es la verdad. Porque en el siglo XXI deberíamos darnos vergüenza que la desigualdad exista, a nosotros los hombres les digo, porque si tan macho somos hicimos este mundo. Muchacho esto está mal, estoy hay que cambiarlo y esta desigualdad no se tolera, no nos hace mejores, nos hace horribles.

Recién aplaudían a Eli, cuando decía que habíamos entregado 128.000 planes para ayudar a mujeres y con esos planes tratamos de protegerlas de la violencia de género. Vergüenza nos tiene que dar que haya 128.000 mujeres, que tienen que recurrir al Estado para preservarse de hombres que las castigan, vergüenza tiene que darles. (APLAUSOS). Es absolutamente cierto, que vivimos en una sociedad donde esa desigualdad existe, además esa desigualdad – a veces – también se profundiza con reacciones que uno ve homofóbicas, que atacan la diversidad. (APLAUSOS). Asco me da vivir, en una sociedad que no acepta la diversidad y debería darnos vergüenza a los hombres vivir en una sociedad, que no acepta la diversidad. (APLAUSOS).

De verdad que yo siento que estos son momentos para que reflexionemos en conjunto, como sociedad, y que en este tiempo la mayor reflexión tenemos que hacerla nosotros: los varones. Somos nosotros los que tenemos que hacer la primera reflexión, porque esto existe porque hay una cultura dominante, que piensa que hay un sexo dominante por sobre otros. Y eso es mentira, punto. No lo discutamos más, nadie tiene una posición de privilegio, en esta sociedad, en función de su género o de su sexo o de su identidad sexual. Nadie, ni un hombre ni nadie, nadie. Todos somos iguales, todas somos iguales, todes somos iguales.

Y tenemos que entenderlo y perdón que uno tenga que decir esto que parece obvio, pero miren un sociólogo americano, que leí mucho tiempo y que me gustó mucho siempre su obra, que se llamaba Berger, en uno de sus libros, no me pregunten cuál, porque ya ni me acuerdo en cuál fue, decía que la mayor muestra de decrepitud de una sociedad es cuando esa sociedad discute lo obvio. Y esto que estamos discutiendo es una obviedad que no podría ocurrir más, y habla de la decrepitud de la sociedad argentina, que todavía tiene que discutir cuáles son los derechos de mujer, cuáles son los derechos de cualquier persona con su identidad sexual y cuáles son los derechos que los hombres deben respetar respecto de los otros. Es eso lo que nos pasa. (APLAUSOS).

Yo tengo – como decía antes – Vilma durante muchos años, me picó la cabeza todos los días, tac, tac, tac, con el tema de la igualdad, lo hizo todos los días, después vino Dora, después vino Eli, fue un conjunto pero reconozco que Vilma, durante mucho tiempo me picó la cabeza con esto y me hizo entender porque yo también vivo en esta sociedad donde a los hombres nos cultivan con estas lógicas y con lo cual uno tiene que hacer cierto proceso de revisión, de deconstrucción de lo que uno es para poder entender que el mundo ha cambiado y que no puede seguir siendo como uno era. Y de verdad, es que por muchos motivos, me propuse desde el primer día igualar, igualar, igualar, igualar. De verdad es que no me tocó el tiempo más fácil para igualar, no les voy a decir una cosa por la otra. (APLAUSOS).

Siempre me acuerdo que un día, que estábamos en Olivos, y seguíamos trabajando en el medio, cuando la pandemia nos molestaba mucho, nos perseguía mucho que un día vino Eli y Dora y me vinieron a buscar porque había un Zoom, con un montón de mujeres de todo el país y yo estaba tapado de problemas de la pandemia, estaba tapado e íbamos caminando con Dora y ella me incentivaba a que yo tome noción de la importancia del Zoom, que íbamos a tener, en ese momento. Y la verdad es que tenía razón Dora, pero yo estaba con la cabeza tapada en otro lado y siempre me acuerdo que le dije a Dora, es una broma entiéndanlo bien, estaba Eli también y le dije: “che, tengo que arreglar la deuda con los privados; tengo que arreglar la deuda con el Fondo, tengo que arreglar el problema del desempleo, tengo que arreglar esta pandemia y justo, ahora, a ustedes se les ocurre terminar con el patriarcado. Gracias a Dios que se decidieron a terminar con el patriarcado. (APLAUSOS).

Era un momento muy difícil, seguramente el que nos tocó vivir a todos, a todas, a todes pero siempre recuerdo esa anécdota. Dora se reía mucho con mi comentario y obviamente sólo tuvo como fin reírnos un rato, pero la verdad que yo estoy convencido que la sociedad debe cambiar, que el mundo debe cambiar y que la Argentina debe cambiar. Estoy absolutamente convencido de eso, y que cambiar significa ganar espacios al respeto y la mejor forma de respetar es igualar al otro. ¿Dónde se pierde el respeto? Cuando uno trata con distancia al otro, cuando uno marca una distancia respecto del otro, esa es la peor desigualdad.

Finalmente, somos todos los mismo: seres humanos en esta Tierra y no debería haber ninguna razón para que uno sea más que el otro, objetivamente no debería haber ninguna razón. Es cierto que –todo lo que mencionó Elizabeth recién – cuando planteó lo de cómo el mundo concentra su riqueza y toda la desigualdad que eso genera, es cierto que eso es así, es una desigualdad muy odiosa, pero hay una desigualdad que nosotros podemos proponernos terminar. Nos es más difícil terminar con este capitalismo financiero tan perverso y tan macabro, que concentra riquezas en pocos y distribuye miseria en millones, pero no es difícil que nos respetemos los unos a los otros, no es difícil. No es difícil que nos igualemos, si la decisión empieza por uno.

Y por eso les dije al comenzar que yo quería hablarles más a los varones que a las mujeres, porque las mujeres han entendido y pelean, que bien venido que peleen, y todas las identidades de género han entendido y pelean por su espacio, que bien que lo hacen, pero los que más resisten de entenderlo el tema son los hombres, son los que más resisten. Miren, yo vengo de esa misma cultura, vuelvo a repetir, vuelvo a eso, yo sé que yo también tuve esa cultura, a mí me cuesta un poco menos porque hace mucho tiempo que estoy convencido de esto, y porque además en esencia son alguien que me siento muy libre y amo la libertad y la verdad creo que lo peor que le puede pasar a una sociedad es que por la estupidez humana uno le quite la felicidad al otro, yo me acuerdo cuando se aprobó el Matrimonio Igualitario, cuánta gente fue feliz, solamente porque dejamos que cada uno se quiera con quien quiera, y me preguntaba por qué tanto tiempo hicimos infeliz a la gente si la vida mía no cambiaba por eso, del mismo modo que me preguntaba, cuando hicimos la Ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo, y yo lo empecé a escuchar en la campaña, había compañeros y compañeras que me decían no, porque acá el problema es que muchas mujeres abortan porque en verdad no tienen condiciones para criar a su hijo, ah, entonces es otro tema, entonces tenemos que resolver, para que la mujer sea libre que quien quiera tener a su hijo tenga la posibilidad de criarlo, y quien no lo quiera tener tenga la posibilidad de interrumpir voluntariamente su embarazo. (APLAUSOS) Y entonces atendí las dos libertades. Y fuimos más libres.

Yo que me acuerdo allá, en el año 2004, Ginés era ministro de Salud, yo era Jefe de Gabinete, y a Ginés se le había ocurrido, el otro día nos acordábamos, como una medida preventiva, un aplauso para Ginés. (APLAUSOS) A Ginés se le había ocurrido que como un mecanismo de educación sexual y de prevención, bien profiláctica, repartir preservativos en la calle, y se armó un bodrio alucinante con el pobre Ginés, un capitán del ejército dijo que había que tirarlo al río a Ginés porque hacia esas cosas, pero alguien descubrió que yo estaba dando un curso en la Facultad que era una materia del Ciclo Profesional Orientado, que se llamaba “El Aborto”, reflexiones acerca de la conveniencia de su punición, y claro, a los diez minutos caí en la volteada con Ginés, esa locura pasa en la Argentina, a algunos les molestaba que reflexionemos sobre si en verdad tenía sentido castigar penalmente el aborto, esas locuras nos pasaron. Fuimos avanzando, fuimos ampliando derechos, ampliamos muchos derechos. Yo siempre digo que Cristina en su primer gobierno fue una máquina de ampliar derechos, con la Asignación Universal por Hijo (APLAUSOS) Con el Matrimonio Igualitario, con la muerte Digna, con la Igualdad de Género, con el código Civil, que cambió tanto, y la verdad que estoy empeñado en ganarle a Cristina, dar más derechos y ampliar más derechos, porque Cristina con eso hizo una mejor sociedad, y en verdad vamos a seguir trabajando para que esos derechos sigan ampliándose. Y una vez más lo que tenemos que hacer es pedirles a mis amigos y amigas de mi sexo, que por favor abramos la cabeza de una vez y para siempre. Yo he tenido que sacar, digo para que entendamos, y yo me hago cargo también, pero que entendamos a dónde llegamos, he tenido que sacar un instructivo para que entiendan los ministros que tienen que nombrar mujeres en el gabinete. (APLAUSOS) Es incomprensible, pero digo estas cosas para que entendamos, y leo en los diarios: “hay ministros enojados, porque le piden que se respete la paridad”, no loco, enojate por vivir en otro siglo, el mundo cambió, y las mujeres están presentes, y si las tienen ahí, miren, miren lo que son las mujeres en la sociedad argentina, quieren pruebas, ahí tienen.

Días atrás fuimos a premiar a mujeres científicas, convertimos el Salón de los Científico en el Salón de la Ciencia, y de repente al lado de cada hombre científico de la Argentina, aparecía una mujer científica, que yo muchas veces no sabían quienes eran, y cuando empecé a leer sus historias dije cómo nunca nos enteramos de esto, porque cuando un pregunta dame el ejemplo de una mujer científica, sale Marie Curie en el acto, y nos cuesta conseguir otra, vayan a ese salón que por lo menos hay ocho o nueve, y hay miles de mujeres científicas que han aportado a la Argentina, y fui al CONICET y me enteré que el sesenta por ciento de nuestros investigadores son mujeres. El mundo ha cambiado, bienvenido el fin del patriarcado. (APLAUSOS)

Las invito a que no bajen los brazos, que sigan demandando más igualdad, porque la desigualdad además se ve en muchas otras cosas, no solamente en el acto discriminatorio o en la violencia, se ve en el trabajo, cuando para el mismo trabajo hay un sueldo para un hombre y hay un sueldo para una mujer; se ve permanentemente en el criterio selectivo, cuando vemos por ejemplo en materia de cuidados de personas, como la mujer ha trabajado y trabaja naturalmente, vocacionalmente por cuidar al otro, y ese trabajo nunca es reconocido, ¿eso por qué? Porque es mujer, ¿porque la mujer nació para cuidar?, no, todos nacimos para cuidar, todos nacimos para cuidar, y como todos nacimos para cuidar tenemos que recompensar el trabajo que todos hacen. Así que les pido que en esta semana donde ustedes dicen que mueven el mundo, primero que nos dejen a algunos hombres decir que nosotros también queremos moverlo, y segundo y fundamentalmente, decirles a todos, a todas y todes, que tenemos que construir una sociedad más justa, y que una sociedad más justa solo es posible si nosotros nos decidimos a igualarnos entre nosotros, de otro modo es más difícil, yo sé que no voy a poder igualar rápidamente condiciones económicas, pero les pido, les exijo a todos que tengamos la ética de igualarnos en la convivencia, cuando digo convivencia eso incluye la posibilidad de desarrollarnos, de crecer, de armar nuestras vidas como se nos da la gana. Disfrutemos de vivir en un tiempo donde somos respetados por la condición humana, no por el sexo. Disfrutemos de un nuevo tiempo donde todos, todas y todes seamos iguales. Gracias por estar aquí. (APLAUSOS)

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