Palabras del presidente de la Nación, Alberto Fernández, en el cierre de la 27° Conferencia Industrial, organizada por la Unión Industrial Argentina (UIA), en Parque Norte

Muchas gracias, buenas noches a todos y todas, gracias Daniel por las palabras; suelo improvisar en situaciones como esta, pero – la verdad – es que me pareció que era un buen momento, de la Argentina, para convocarlos a una suerte de reflexión colectiva y siempre la palabra escrita ayuda más que la improvisada porque es una palabra más reflexionada, así que me voy a permitir – si ustedes me autorizan – a poder leerles lo que creo que debo decirles, hoy, a ustedes.

Primero gracias por invitarme y darme este tiempo, en esta convención de la Unión Industrial Argentina, es una buena ocasión para que repasemos juntos la situación económica, de la Argentina, y también para que veamos la situación, que atraviesa la industria. Todos y todas queremos construir una Argentina intensamente productiva; debemos desplegar las inmensas capacidades productivas que nuestro país tiene; capacidades vinculadas a recursos naturales, capacidad también vinculadas a la tecnología, a las ciencias y a las industrias. No podemos dejar de observar que – entre 2016 y 2019 – fuimos uno de los países que más capacidades industriales perdió. Así sufrimos una caída del 17 por ciento de la producción industrial por habitante. Después – lo recordó bien el presidente de la UIA – el mundo atravesó un momento excepcional que fue el tiempo de la pandemia. En ese momento y hasta muy avanzado, este año, nuestra principal tarea como Gobierno fue generar la asistencia productiva, la asistencia social, la asistencia de política sanitaria que la emergencia nos reclamó.

A pesar de todas esas debilidades, que nuestro país padecía pudimos generar el mayor salvataje productivo de nuestra historia, que fue la asistencia de emergencia al trabajo y la producción (el ATP) y aún hoy seguimos asistiendo a los que siguen en la emergencia, con los REPROS. Ambos programas son un ejemplo, junto a tantos otros, de cómo pensamos la relación entre el Estado, la producción y el trabajo.

Quienes afirmar que la producción no necesita del Estado, o peor aún, que el Estado es un obstáculo a la producción desconocen o quieren esconder algo que es fundamental: todos los procesos de desarrollo sostenible requieren de un Estado activo, de un Estado inteligente, de un Estado presente que contribuye y potencia todos los sectores públicos. Debemos constituir una comunidad, en la que todos y todas, puedan desplegar sus proyectos profundizando la convivencia democrática y garantizando el desarrollo social en su plenitud.

A pesar de ese escenario tan adverso, como el que nos tocó, la Argentina está atravesando un proceso de recuperación económica, los daños generados por la caída de nuestro PBI, allí en el año 2020, el año previo, ya se superarán con el crecimiento que vivimos. A inicios del año próximo, la actividad industrial habrá recuperado lo que se perdió desde los inicios de la crisis, del año 2018 y 2019. Ahora bien, tenemos el firme propósito de que Argentina avance con el trabajo en el corazón, y que ese trabajo sea el motor de la recuperación económica. Es necesario que toda la sociedad, sin excepción, genere empleo, pensando en un crecimiento que se hagan sostenible en el tiempo. Estamos decididos a impulsar políticas productivas, que permitan lograr un auténtico renacer de la Argentina.

Ese desarrollo que buscamos debe llegar a todos, no debe concentrarse en algunos; nadie se desarrolla en una comunidad que no se desarrolla a la par. Ese desarrollo – del que hablo – debe beneficiar a todos los argentinos y a todas las argentinas. Necesitamos un crecimiento con inclusión, que ponga fin – de una vez y para siempre – a la cultura del descarte. En esa tarea debemos trabajar armónicamente, cada uno asuma la responsabilidad que este tiempo le impone. Tiene que ser un crecimiento justo, reparador socialmente, que enfrente a la pobreza y ponga fin al hambre, que padecen millones de nuestros hermanos.

Estamos ingresando a un nuevo tiempo, la industria es la vanguardia de la recuperación económica, de eso no tengo ninguna duda. Y la Argentina es uno de los países, donde la industria más se ha recuperado, en este año 2021.

Estamos más conectados al mundo que nunca, las exportaciones lo demuestran, ya superaron los niveles, del año 2013; los precios de las exportaciones ayudaron pero también es notoria la recuperación de las cantidades de productos, que vendemos al mundo. El perfil de las importaciones está cambiando y refleja el nuevo esquema de incentivos que buscan favorecer a la industria. En términos relativos más insumos para producir y menos productos terminados.

La industria del software registró, en agosto, el mayor empleo de su historia, un 15 por ciento más que los niveles anteriores a la pandemia. Nuestras Pymes industriales utilizan mucho más capacidad instalada, que hace dos años, tienen un presente mejor y, sobre todo, pueden avizorar un futuro próspero.

La inversión productiva, fundamental para el crecimiento futuro, creció 13 por ciento, si la comparamos con el año 2019; desde agosto, de 2020, se crearon 120.000 empleos formales, en el conjunto de la economía, de los cuales una gran parte son empleos generados por la industria. Una de las mejores noticias, es que, hoy, 18 de las 24 provincias, tienen más empleo industrial, que en el año 2019.

El campo también es crecimiento: la producción de maquinaría agrícola se duplicó en comparación al 2019 y se perfila ser la mayor del país. Este es el resultado de las iniciativas del sector privado y de las políticas públicas; cuanto más logremos los argentinos que se articulen virtuosamente ambas dimensiones más rápido alcanzaremos el futuro que deseamos.

Siempre que la Argentina crece necesita divisas; cuidando nuestras divisas sustituimos importaciones en autos, en electrodomésticos, en productos textiles y en otros rubros. Cuando asumí la presidencia, en el 2019, 27 de cada 100 autos patentados eran de fabricación nacional y 73 eran importados. La realidad actual es muy diferente: 54 de cada 100 autos patentados son de fabricación nacional.

Nuestra política industrial contribuye a reducir dificultades, en la balanza comercial, a través de una sustitución eficiente de las importaciones. Es importante, que en un encuentro como este, pongamos en valor todo lo que hemos logrado.

Hemos atravesado un tiempo muy duro, del que tal vez ni nosotros somos conscientes, un tiempo que no nos deje ver que somos sobrevivientes de una pandemia, sobrevivientes; somos aquellos a quienes la muerte no logró atrapar. Ese privilegio nos genera una obligación ética y moral: construir el renacimiento de la Argentina con diversidad, sin divisiones irreconciliables, con desarrollo sostenido, sin crisis recurrentes. Con ese objetivo, en las próximas semanas, firmaré un decreto para crear el Plan Productivo 2030 para potenciar a nuestros sectores productivos, en los años que se vienen; para potenciar la generación de nuevos empleos, de nuevos conocimientos; para potenciar nuestras exportaciones y fundamentalmente nuestras industrias.

Ese renacimiento, de la Argentina, no excluye a nadie, los necesita a todos y a todas, sin excepción para desplegar nuestras capacidades productivas, para construir un territorio federal equilibrado, para potenciar la educación en todos los niveles, para multiplicar nuestras capacidades científicas y tecnológicas. La Argentina tiene futuro, tiene futuro.

Sembrar el odio es más fácil, pero la esperanza también se siembra. Que nosotros tengamos un futuro depende de todos. Como Presidente de todos los argentinos y de todas las argentinas trabajo todos los días por la unidad de nuestros pueblos, trabajo para que las fuerzas no se contrarresten tirando cada uno para lados opuestos; trabajo para articular nuestras fuerzas para el desarrollo, de la Argentina.

El Poder Ejecutivo nacional ha enviado, este año, seis proyectos de ley, al Congreso Nacional, para promover la producción de hidrocarburos, para promover el complejo agro-bioindustrial, para promover el Compre argentino, que favorece a las Pymes y a las cooperativas, para promover el desarrollo del cannabis industrial, para promover la movilidad sustentable y la industria automotriz. Así seguimos impulsando la industria del conocimiento y la industria 4.0, cada uno de estos proyectos es el resultado del diálogo entre todos los sectores.

Allí, en el Consejo Económico Social pudimos demostrar que juntos estamos construyendo una nueva cultura productiva, donde nos escuchamos para construir acuerdos, que ayuden el país. Seguimos trabajando en mesas sectoriales, con 16 complejos productivos más, hemos fortalecido y seguiremos fortaleciendo el crédito productivo y la asistencia técnica a las Pymes; tenemos políticas de promoción al empleo, en las Pymes, como el programa Te Sumo y el estímulo a la contratación del personal, en el Norte Grande, algo que me pidió tantas veces, la UIA del Norte argentino; tenemos una política de ingresos para que la recuperación beneficie también a los trabajadores y para que despleguemos políticas para promover el consumo. Además, estamos recuperando un mercado interno fuerte y a la vez estamos impulsando las exportaciones; no hay una antinomia entre ambas cosas. Estoy convencido que el renacer de la Argentina es posible asociando al capital y al trabajo.

Nosotros promovemos la inversión necesaria y la creación del empleo; nosotros creemos que en la historia y en el mundo actual hay distintos tipos de capitalismo. No siempre y en todas partes el capitalismo está dominado por la especulación financiera; el capitalismo no puede convivir con una democracia estable si no genera beneficios para todos los ciudadanos y ciudadanas.

Nosotros queremos un capitalismo de producción, con empleados bien remunerados, con sistemas educativos fuertes, con salud pública de calidad, con fuerte inclusión social, con progreso individual y colectivo y con una movilidad social ascendente. Esa es nuestra forma de luchar para reducir la pobreza, en la que han caído millones de compatriotas.

Estamos transformando planes sociales en empleo formal, ya avanzamos con la ruralidad, con la construcción, con la actividad hotelera y con la gastronómica.

He explicado que necesitamos también que nuestro desarrollo sea económico y socialmente sostenible. Además, de eso necesitamos que nuestro desarrollo sea ambientalmente sostenible. La Argentina tiene una firme convicción en los compromisos ambientales multilaterales, queremos cuidar el planeta porque el planeta es nuestra casa común. Hemos insistido, en los foros internacionales, en que tenemos enormes posibilidades de contribuir al bienestar común y además sabemos que para las empresas mejorar las prácticas ambientales será decisivo ante el mercado de la exportación y ante consumidores responsables.

Sólo podemos soñar con un mejor futuro, si cuidamos los esfuerzos que hemos hecho para que nuestra industria se vuelva a poner de pie. No podemos recaer en visiones anti-industriales, no podemos recaer en aperturas indiscriminadas de la economía que destruyen a la industria nacional. (APLAUSOS). Tampoco podemos recaer en políticas socialmente excluyentes. Todo ello es profundamente injusto y sólo aumentan la pobreza, pero además generan la caída del consumo y destruyen empresas; no podemos recaer en políticas de endeudamientos irresponsables; no podemos recaer en políticas que ven al trabajo, a los derechos sociales como a un obstáculo; necesitamos comprender que el aumento de la productividad y la competitividad nunca pueden ser a costa de los ingresos ni de los derechos de los argentinos y argentinas.

La sociedad argentina necesita que esta recuperación económica llegue a todos los hogares, que sea una recuperación que beneficie a cada uno de los argentinos y argentinas. Sabemos que hay problemas globales con la inflación, lo sabemos, pero sabemos que, en la situación argentina, eso nos afecta seriamente. No es posible que algunos pícaros aprovechen el momento para obtener ganancias extraordinarias.

Vamos a ser muy exigentes en el cuidado de los precios de los consumos masivos; veo con preocupación el aumento irracional de los alimentos, aún sabiendo que hay factores exógenos que inciden. Igual es mi preocupación con el precio de los insumos de la construcción. Seré inflexible con quienes se abusan en este contexto.

En esta segunda etapa, de mi gobierno, pondremos toda nuestra atención en enfrentar el problema de la pobreza y de la exclusión, pues sigo creyendo – como dije el primer día- que en esta hora, primero están los últimos.

Y también debemos resolver el enorme problema de la deuda externa; el año pasado logramos una reestructuración exitosa de la deuda con los acreedores privados, que le permitió al país ahorrar más de 37.000 millones de dólares. Ahora estamos dialogando con el FMI para resolver la deuda que aún mantenemos con ese organismo. Todos ustedes saben, que el préstamo – otorgado a la Argentina, en el 2018 – para que entiendan su magnitud es equivalente a toda la ayuda, que ese organismo dio al mundo para sobrellevar los daños causados por la pandemia. Todos ustedes saben que si la Argentina tuviera, hoy, esas divisas podría afrontar todos los problemas productivos y de infraestructura sin mayores preocupaciones.

Nosotros, como ya nos pasó, en el año 2003, afrontaremos las deudas que otros generaron, pero ese acuerdo no será a costa del desarrollo del país, ni en base a ningún programa de ajuste. Seguimos negociando con el Fondo Monetario Internacional a pasos seguros y con el pulso firme, queremos lograr un acuerdo que nos permita refinanciar los abultadísimos vencimientos de deuda, para los próximos tres años, a los que se había comprometido el Gobierno de Mauricio Macri. Buscamos que esa deuda no nos impida llevar adelante el programa plurianual, que queremos implementar para que la Argentina continúe en la senda de la recuperación, con generación de empleo y para que podemos reducir la inflación también por esa vía.

Nosotros tenemos una visión muy clara de cuál es ese programa plurianual, que nos permita seguir en la senda de la recuperación virtuosa que hoy estamos viviendo. Estamos progresando en construir entendimiento, con el FMI, para que sobre esa base podamos llegar a un acuerdo.
La semana próxima, sin ir más lejos, habrá una visita de los equipos técnicos del ministerio de Economía y del Banco Central a Washington para seguir fortaleciendo esos progresos y que el ministro Guzmán, va a seguir supervisando, desde Buenos Aires, pero debemos hacer todo lo posible para evitar que vuelva a pasar algo, como lo que pasó con el programa, que firmó el gobierno anterior, y que tanto daño le hizo a la Argentina. Por eso, le pedimos al FMI que antes que cerremos un nuevo acuerdo, haga su evaluación de lo que fue el fallido programa stand bye, por el que se desembolsaron 44 mil millones de dólares, que se mal utilizaron en pagar deuda insostenible y en financiar salida de capitales. Necesitamos que el Fondo Monetario haga esa evaluación.

Eso nos va a ayudar a terminar de entenderlos, es un paso necesario en este camino para poder escribir una nueva página necesitamos cerrar el capítulo anterior, hagámoslo rápido y así avanzaremos sobre un terreno más firme y despejado. La Argentina – como bien dijo el presidente, en su discurso – necesita claridad. El programa plurianual, que tan pronto podamos enviaremos al Congreso, traza la política económica, que es posible llevar adelante y que generará resultados positivos para nuestra Argentina.

Cuando somos enérgicos con nuestros acreedores demostramos nuestra seriedad; nada serio puede resolverse en cinco minutos, nada serio. El problema de la deuda externa no es un problema del gobierno de Alberto Fernández es un problema de toda la Argentina, no trabajamos para sacarnos un problema de encima. Mi responsabilidad es trabajar para que la deuda no postergue más el desarrollo argentino. Crecer para cumplir los compromisos asumidos, cualquier otra lógica sólo es una quimera. Lograr un acuerdo, que permita el desarrollo argentino requiere de mucho trabajo y ese trabajo es la mejor inversión que podemos hacer por la Argentina y por las próximas generaciones.

Para terminar quiero compartir con ustedes mi sueño, quiero vivir en una Argentina con producción y con trabajo; quiero vivir en una Argentina, donde la educación potencie el conocimiento de nuestros jóvenes; quiero vivir en una Argentina donde los derechos se amplíen y no se restrinjan. Si todos sincronizamos en el mismo sentido si lo vivido en el dolor, de la pandemia, se vuelve experiencia, si nuestros grandes debates, en el futuro, son cómo alcanzar un mejor desarrollo que llegue a cada argentino argentina; si todos los sectores defienden sus intereses de manera responsable y con un compromiso de la sociedad de la que son parte vamos a lograr poner de pie a nuestra Patria. Sólo quienes nos hayamos comprometidos con ese proceso podremos mirar orgullosos a los ojos, de nuestros hijos.

Muchas gracias a todos y todas.

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