Palabras del presidente de la Nación, Alberto Fernández, en la inauguración de una unidad productiva de última generación de los Laboratorios Richmond

Buenas tardes. Recién no sabía cómo seguía la ceremonia. La verdad estoy muy contento, porque me pone muy feliz ver todo esto que empezó con una, laboratorios Richmond tiene una historia de mucho tiempo, pero la verdad es que empezamos a ver juntos con Marcelo a ver cómo hacíamos resolver un problema que nos estaba poniendo en jaque, que era el tema de la vacunación por COVID, y entonces visité por primera vez la planta, cuando hicieron los acuerdos con el Instituto Gamaleya, para poder producir en Argentina con los principios de Gamaleya la vacuna contra el COVID, la Sputnik, y allí me contaron lo que hoy veo concretar, ahí me dijeron ahora vamos a hacer esto que es una planta, para un abogado todo esto es muy impresionante, no les voy a mentir, todo lo que usted dice es m uy impresionante, es algo que desde la lógica cartesiana de un abogado es muy difícil de entender, con lo cual todo resulta mucho más impactante, pero creo que es muy importante, porque lo que acabo de ver es una planta que produce medicamentos para combatir una enfermedad tan horrible como el cáncer, para enfrentarla, y para ir puntualmente a combatirlo sin esos tratamientos que hasta hoy conocíamos, que eran tan dañinos y nos sirva para la salud. Y es muy impactante ver cómo todo eso funcionó, es muy impresionante ver también cómo la mente humana es capaz de desarrollar todo eso. Yo pensaba que tal vez esto que acabamos de ver, esta planta que nos va a permitir producir medicamentos oncológicos de alta tecnología y de alta calidad y exportarlos al mundo, porque la planta que estamos viendo ha sido pensada para poder cumplir con los estándares internacionales de producción. Y pensaba que allí íbamos a tener la planta de producción de vacunas tal vez más grande de Latinoamérica. Y pensaba en cuál es nuestra idea de país, y yo decía un poco todo esto se sintetiza, cuando yo llegué al Gobierno no existía ni el Ministerio de Salud, ni el ministerio de Ciencia y Tecnología, ni el Ministerio de Trabajo, ninguna de las tres cosas, las tres cosas habían sido borradas del Estado, habían pasado como a un segundo escalón, seguramente porque quienes gobernaban pensaban que era un tema secundario, y yo no creo eso, definitivamente yo creo que, como planteaba días atrás cuando participé de la asunción de las nuevas autoridades en el Rectorado de la Universidad Tecnológica Nacional, estoy convencido que la riqueza de las naciones hoy en día pasan por el desarrollo del conocimiento, de la educación, el conocimiento y la ciencia y la tecnología, las sociedades son ricas por eso. Siempre digo lo mismo, uno ve países que nadan en lagunas de petróleo, pero que no tienen la tecnología para sacarlo y son países muy pobres. Y ve que los que verdaderamente son ricos son los que no tienen el petróleo, pero sí tienen la tecnología para sacarlo. Y, por lo tanto, cuando yo veo el desarrollo científico y el desarrollo tecnológico, yo lo celebro porque estoy sintiendo que es una sociedad más rica la que tenemos, una mejor sociedad, una sociedad que se acerca más al ideal de la sociedad del conocimiento que hoy es nuestro verdadero desafío. Pero, además lo que veo es empresarios que arriesgan capital para que la Argentina entre en el mundo a competir, con temas que otros piensan que nosotros no deberíamos estar pensando en competir. Algunos creyeron que nuestro destino era ser el granero del mundo, después se sofisticaron un poco y hasta hace pocos años atrás nos decían que íbamos a ser el supermercado del mundo, y la verdad que celebro que podamos ser nosotros parte de los que compiten con esta tecnología en el mundo, porque en verdad la Argentina no nació condenada ni fue condenada por la globalización a estar sometida a un segundo escalón, o un tercer escalón, o un tercer escalón, no, podemos ser parte del primer escalón, y esto lo demuestran empresarios que arriesgan su capital y confían en los científicos, en nuestras cabezas, las cabezas de los que se han preparado para desarrollar todo esto, y que convocan al trabajo. Y así también permiten que la Argentina trascienda la frontera con sus productos, y hagan crecer una economía que necesita definitivamente ir al mundo, vender sus productos y traer dólares.

En conclusión, esto que estamos viviendo hoy es una perfecta combinación entre empresarios que arriesgan, científicos que investigan y logran el mejor producto; trabajadores que se suman al proceso productivo, y el Estado que ayuda acompañando y facilitando, en la medida de sus competencias, que todo esto sea realidad. Con lo cual yo te felicito Marcelo, de verdad te felicito, en serio, me parece que estás haciendo algo muy importante, francamente de lo digo, y que la Argentina necesita desarrollar mucho más también el desarrollo de sus fármacos y de sus medicamentos, y necesita también favorecer la producción y favorecer todo ese desarrollo también en favor de los argentinos, a los que muchos hoy les cuestan mucho acceder a los medicamentos. Y tenemos que hacer lo posible para que todos puedan acceder a precios razonables a la medicación que necesitan. Yo creo que con esto estamos caminando hacia esa Argentina que vos y yo soñamos, estoy seguro, y creo que es posible construirla. Lo que estamos viendo es que es posible construir esa Argentina.

Nosotros vivimos en una sociedad donde muchos siembran el desánimo, y la verdad es que cuando se siembra desánimo la verdad es que germina con bastante facilidad el desánimo, pero la verdad es que lo que acá estamos sembrando es esperanza, y si sabemos mostrar esto, las esperanzan también germinan con mucha facilidad en nuestras sociedades. Y cuando uno ve cómo baja la tasa de desocupación, cuando uno ve que la Argentina crece más del diez por ciento, y cuando uno ve que empresarios argentinos se animan a competir con el mundo con productos de esta naturaleza, es realmente para que sembremos esperanza y para que todos nos demos cuenta que tenemos un futuro, y que podemos estar confiados en nosotros mismos. Y también es posible pensar que esa Argentina que desarrolla la ciencia, la tecnología, que tienen empresarios que arriesgan en favor de la gente y la tecnología, y dan trabajo en favor de la ciencia y la tecnología, la verdad que esa Argentina que soñamos es definitivamente posible, definitivamente posible. Yo espero venir en octubre del año entrante, según me has dicho, a inaugurar la planta más grande de Latinoamérica de la producción de vacunas, y espero que esto sea todo un éxito, urque si es un éxito para ustedes es un éxito para la Argentina.

Últimamente, cuando me toca convocarlos a un tiempo de esperanza, a un renacer, en el medio de tanto dolor, porque la verdad fue muy difícil los años que pasaron, nosotros no somos conscientes, pero la verdad que ni la generación de nuestros padres y seguramente nuestros hijos, no han vivido una pandemia, y eso es algo que lamentablemente es patrimonio nuestro, a nosotros nos tocó enfrentar un tiempo único en la humanidad, ojalá sea irrepetible. Ahora, cuando todo esto parece estar empezando a aliviarse, más allá de los coletazos que están apareciendo en estos días, en verdad lo que uno tiene que darse cuenta es que ha sido sobreviviente de una pandemia, nosotros vivimos un tiempo en el que la muerte caminaba entre nuestras mesas, y nosotros pudimos sortear a la muerte y seguir en pie, y la verdad es que como sobrevivientes de una pandemia tenemos un deber ético, que es la construcción de otro mundo, un mundo más igualitario, un mundo más equilibrado, un mundo con desarrollo, un mundo con trabajo, y eso no puede ser solo un sueño, eso se puede hacer, y eso debemos hacerlo, porque tenemos el deber ético de hacerlo, porque sobrevivimos Marcelo. No es cualquier cosa, sobrevivimos, fuimos privilegiados, en un mundo donde la muerte se llevó a muchos.

Últimamente recuerdo siempre una frase que le escuché alguna vez decir a Antonio Cafiero, con quien milité durante muchos años, y a quien quise mucho, algunos dicen que en verdad la frase era de San Agustín, y Antonio la repetía, yo no se la escuché, se la escuché a Cafiero, así que vamos a ponerle el copyright a Antonio. Y esa frase de Antonio decía “quien sueña solo, solo sueña, pero quien sueña con otros hace historia”. Estás haciendo historia, hagamos historia todos nosotros, y que nuestro sueño no sea el sueño individual de uno, que sea el sueño de todos y hagamos historia.

Gracias y felicitaciones. (APLAUSOS)

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