Palabras del presidente de la Nación, Alberto Fernández, en la Sesión Plenaria de la XXII Reunión de Cancilleres de la CELAC

Buenos días a todos y todas, y muchas gracias por estar acá, señoras y señores cancilleres, queridos representantes de América Latina y el Caribe.

Me siento inmensamente honrado por la confianza que han depositado en la Argentina al encomendarle el ejercicio de la presidencia pro tempore de la CELAC, nuestra querida Comunidad de Estado Latinoamericanos y Caribeños. Tomo esa confianza como un reconocimiento de que la Argentina es capaz de articular diálogos, consensos, y a la vez como un mandato de darle la institucionalidad a la CELAC, que nos permita cumplir y hacer cumplir cada uno de nuestros países las decisiones que tomamos, debemos hacerlo y debemos hacerlo bien. Recojo este desafío con la convicción de quien cree en que todos somos parte de una patria grande, que nos une, aunque muchos hacen lo imposible por dividirnos, y consecuentemente someternos con facilidad. Cuando la pandemia tuvo inicio, éramos el continente más desigual del mundo, el que registraba la mayor brecha en los ingresos de ricos y pobres. Esas diferencias se han profundizado, tras el maltrato al que nos sometió la pandemia. En esta región, la riqueza se concentra en poco y la miseria se distribuye en hombres y mujeres que padecen.

Cada vez que pienso en ello, recuerdo ese magnífico colombiano que fue Gabriel García Márquez, alguien que nos deleitó con las letras de sus relatos y sus novelas. Cuando ese enorme escritor, que fue García Márquez, recibió el Premio Nobel de Literatura dejó flotando la pregunta que hoy mismo, que aquí mismo, deberíamos hacernos: “¿Por qué pensar que la justicia social que los europeos de avanzada de imponer en sus países, no pueden ser también un objetivo latinoamericano, con métodos distintos y condiciones diferentes?” Esta pregunta fue formulada cuatro décadas atrás, y aunque en el tiempo transcurrido desde entonces latinoamericanos y caribeños hemos ganado espacio en materia de libertad y democracia, no hemos sido capaces de plasmar esa equidad social de la que hablaba García Márquez. Así con tanta desigualdad la democracia parece vacía de contenido, y la libertad la disfruta más quienes acceden a la centralidad sociales, que quienes viven en los márgenes de esas mismas sociedades. Juntas, ya muchos años atrás, muchas democracias armaron delicadísimo tejido, para que América central no se transformara en un volcán, me refiero al Grupo Contadora, que formaban México, Colombia, Venezuela y Panamá, y al Grupo de apoyo a Contadora, que integraron Argentina, Brasil, Uruguay y Perú; ese fue el embrión del Grupo Río, que a su vez con los años fue uno de los embriones de la CELAC. No nos olvidemos de todos los esfuerzos integradores realizados desde entonces, algunos de ellos en pleno desarrollo, hablo del Pacto Andino, del CARICOM, del Aladi, y también del Mercosur que está muy vivo a pesar de las diferencias, o quizás gracias a las diferencias, que cuando son bien administradas ayudan crecer.

Por eso pudimos construir la CELAC, este foro que hace nueve años que nació en el 2013 y produjo lo que antes parecía una quimera. Reunió por primera vez en la historia a presidentes y presidentas de todos los países de la región. CELAC no nació para oponerse a nadie, CELAC no nació para enfrentarse con algunas de las instituciones (salto de audio), CELAC no nació para inmiscuirse en la vida política y económica de ningún país. La CELAC nació como un foro en favor de nosotros mismos, que siempre promovió el consenso y la pluralidad en un marco de convivencia democrática, sin ningún tipo de exclusiones. También ha sido un magnífico puente hacia otros países, o foros, más allá de América Latina y más allá del Caribe.

Al tomar la presidencia pro tempore, que fue decidida por el diálogo y el consenso que tanto agradezco, agradezco a mi querido amigo Andrés Manuel López Sobrador, y a mi querido amigo Canciller de México, Marcelo Ebrard. Los hermanos mexicanos llevaron adelante la presidencia pro tempore en condiciones de extrema dificultad, por la pandemia y la crisis. A pesar de ello, lograron revitalizar una CELAC que hoy está más viva y fortalecida que nunca. Gracias por el esfuerzo y por el talento, vamos a dar continuidad siempre en una tarea conjunta a los asuntos que venimos encarando. Para la región, conocimiento, industria, producción y empleo, no son palabras mágicas, les hemos propuesto trabajar sobre quince objetivos durante nuestra presidencia, espero que no sean los únicos, que sean otros también. Tienen que ver entre otras metras con estrategias sanitarias para la recuperación económica, con la gestión de riesgo en situaciones de desastre y con la seguridad alimentaria. También incluye la cooperación espacial y la ciencia y la tecnología aplicadas a la innovación social. Nos gustaría discutir en conjunto estas estrategias que nos permitan concertar posiciones a nivel regional de la CELAC ante organismos financieros internacionales y regionales, y en este punto quiero dar las gracias por el apoyo que la Argentina ha recibido de todos ustedes, en la negociación que está llevando adelante con el Fondo Monetario Internacional. De verdad lo agradezco porque uno se siente mucho más fuerte, sabiendo que los hermanos latinoamericanos y caribeños lo están acompañando.

Llegando al fin de este mensaje, no puedo dejar de pasar por alto al que me preocupa mucho, tiene que ver con la cuestión del cambio climático. En mayor o menor medida a todos nos atraviesan los efectos negativos de la mutación del clima. Sin embargo, nuestra América insular del Caribe viene padeciendo esos efectos de un modo mucho más que preocupante. Allí el avance de las aguas y la inclemencia de ciclones y tormentas que se repiten con más asiduidad, acaban por devastar poblaciones enteras que reclaman nuestra atención. No podemos mirar impávido semejante realidad, no seremos verdaderos hermanos en la región sino prestamos especial atención a tanto padecimiento. El problema es generado por los efectos del cambio climático en el Caribe debe ocupar el primer lugar en la lista de problemas que enfrentamos, la integración será real cuando el dolor de algunos de nosotros sea el dolor de todos, y cuando el éxito de algunos de nosotros sea compartido en conjunto. No hay límite para la integración, la búsqueda de consensos será nuestro mandato primordial y el respeto por la diversidad nuestra guía rectora. Hagamos que América Latina y el Caribe no se han solo una expresión geográfica, sino también una expresión política, cultural, económica y social.

Gracias por el apoyo constante de la CELAC al reclamo tan sencillo, pero tan humano, de la Argentina en la cuestión Malvinas. Seremos tan firmes en reclamar la soberanía sobre la tierra usurpada, como pacientes a la hora de negociar para que nuestro reclamo prospere. Sepan ustedes que siempre serán bienvenidos y bienvenidas. Sepan ustedes que Argentina es su casa. Espero que en estos días así lo hayan sentido. Muchísimas gracias a todos y todas. (APLAUSOS)

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