Palabras del Presidente de la Nación, Alberto Fernández, por el acto de inauguración de las obras de ampliación del edificio del Departamento Judicial Avellaneda/Lanús, en Avellaneda, Provincia de Buenos Aires

Buen día, buen día Avellaneda, buen día a todos y a todas. Gracias Jorge por recibirme una vez más, en la linda Avellaneda. Gracias Axel También, gracias a los que me acompañan, gracias a los intendentes. Hola Néstor, hola Martín, hola Fernando. Gracias a todos y a todas.

Hoy es un día distinto porque sentimos que estamos más cerca de encontrar la solución al problema de la pandemia, y como bien decía Axel, es un trabajo que llevamos meses haciéndolo en silencio. Trabajamos mucho con Axel, a la par, porque la verdad es que la Provincia de Buenos Aires había empezado antes que nosotros el vínculo con Rusia para buscar una respuesta, y cuando me consultó el Gobierno ruso e involucré al Gobierno nacional, le pedí a Axel que me ayude porque él ya tenía una ventaja de conocimiento, su gente, sus funcionarios de lo que está pasando con el tema de la vacuna. Y así pudimos encarar esta discusión, que en verdad nosotros no le preguntamos a nadie, qué ideología tiene la vacuna, lo que le preguntamos es si salva vidas de argentinos, y si salva vidas de argentinos vamos y la compramos, y la inyectamos en los argentinos para que salve vida de argentinos. Y la verdad es que no me importa quién es el que la produce, y a veces escucho hablar con tanta liviandad, porque también hablan de Rusia pareciera que están hablando no sé de qué, están hablando de una potencia mundial que tiene 28 premios nobel, si no me equivoco. Un país que ha desarrollado la ciencia y la tecnología como una de las grandes potencias que hay es. Y que por que alguno todavía no se enteró, que se terminó el mundo bipolar, que se terminó la guerra fría, nos meten en una discusión que a ninguno de nosotros nos importa, porque lo único que me importa a mí, lo único que le importa a Axel, lo único que le importa a Jorge, lo que único que le importa a Néstor, a Martín, a Fernando, a cada uno de los que gobernamos, es ponerle fin a la pesadilla de la pandemia, es lo único que nos importa.

Pero en verdad desde ayer estamos muy contentos, hoy a la tarde voy a juntarme con Ginés y con Carla para ponerme a diagramar el proceso de vacunación, y ya solo pensar que estamos pensando en cómo vamos a vacunar a los argentinos en cualquier rincón del país es algo que nos alienta. Porque la pandemia tenía eso de horrible, eso que les dije el primer día, estamos peleando contra un enemigo invisible, que no vemos, que está acechándonos en algún lugar que no lo encontramos, pero que indefectiblemente nos ataca, nos enferma y se lleva la vida de unos cuantos de nosotros. Pues, bien, estábamos muy preocupados por ver dónde estaba el horizonte, el horizonte empieza a verse, y por eso tenemos que ser optimistas, y por eso tenemos que estar más tranquilos que nunca. Nunca estuvimos tan cerca de ponerle fin a la enfermedad. Mientras tanto, no olvidar que hay que seguir con todos los cuidados que hasta aquí hemos tenido, y que yo le agradezco a la inmensa mayoría de los argentinos que respetó el quedarse en su casa cuando hubo que quedarse, que respetó el distanciamiento, que respetó lavarse las manos una y otra vez, que respetó el frotarse con alcohol las manos, porque no saben cómo ayudaron a prevenir que la cosa no fuera peor. Y la verdad es que a todos esos, a esos argentinos que silenciosamente cumplieron con nuestras recomendaciones, de corazón gracias, hicieron mucho por salvar sus vidas y la de muchos otros. Ahora que ya sabemos cómo seguir caminando, porque la pandemia tiene algo muy feo, que es algo así como caminar sobre un pantano, uno no sabe dónde está pisando, porque no sabe dónde está el problema, y cuando lo encuentra no sabe cómo superarlo, porque estamos hablando de una enfermedad que no tiene vacuna que lo prevenga, hasta ahora no lo tenía, no tiene un remedio que lo cure. Lo único que sabíamos es que estando alejados los unos de los otros, el riesgo de contagio era menor con todas las consecuencias que eso trae. Pero ahora que hemos superado esa instancia y empezamos a ver un horizonte, ahora sí tenemos mucha libertad para hacer todo lo que queríamos hacer aquel 10 de diciembre, cuando con Axel, con Jorge y con muchos otros llegamos al Gobierno. Vamos a dar vuelta la Argentina de una vez y para siempre. (APLAUSOS)

Cuando a mí me dicen que ahora vamos a volver a la normalidad, les digo a todos, “¿qué es la normalidad?”, porque yo la normalidad que conocí antes de la pandemia no me dejó conforme, no me gustó. Es una normalidad, entre comillas, que genera mucha injusticia, mucha desigualdad, mucho desequilibrio, es un orden, que definitivamente no mostraba el mejor funcionamiento de las instituciones de la democracia, no nos ofrecía la mejor seguridad, no nos ofrecía la mejor Justicia. Lo que podemos nosotros es tener otra normalidad, una normalidad que nos incluya a todos, una normalidad que nos permita hacer crecer, que cada uno de nosotros pueda crecer y pueda desarrollarse, una normalidad donde nuestros hijos tengan educación pública, una normalidad donde nuestros abuelos tengan atención de la salud pública, una normalidad donde los argentinos tengamos trabajo, una normalidad donde los empresarios inviertan y ganen dinero, una normalidad donde el estado de derecho se respete, una normalidad donde el estado de derecho se respete. Y yo insisto en este punto, porque la democracia y el estado de derecho no es solamente que votemos cada tanto, es que respetemos reglas, que las reglas se respeten.

El viernes pasado estuvimos en Lomas con Martín, con Axel, multiplicando por dos los patrulleros que están circulando hoy en Lomas, y eso es un proyecto y un trabajo que ya estábamos llevando adelante con la gobernación hace unos meses. En plena pandemia, el Gobierno nacional dispuso de 38 mil millones pesos para que en la Provincia de Buenos Aires la seguridad se mejore. Y yo, el viernes, comentaba yo que era muy importante que haya más patrulleros en las calles, que haya más cámaras controlando, porque cuanta más presencia policial hay en las calles más se previene el delito y menos seguros se sienten los que delinquen, porque saben que las posibilidades de apresarlos son más cercanas. Y comentaba que el problema de la inseguridad no la padecen los ricos, los ricos tienen formas de cuidarse, se suben autos, algunos se suben a autos blindados, viven en casas custodiadas, casas llenas de cámaras, country y barrios privados con custodia interna, se suben a un auto, se bajan en el garaje de un edificio y siempre están custodiados ¿Quiénes son los que padecen la inseguridad? Los que más necesitan, los que tienen que tomarse un colectivo, los que tienen que ir a la parada de un tren a esperan a un tren que los lleve hasta el trabajo, los que andan por las calles caminando de sus casas al trabajo, trabajando. Esos son los que más padecen, y a ellos debemos darle una respuesta. Y así como celebré que hubiera más Fuerzas de Seguridad en las calles de Buenos Aires, celebro también que haya una mejor Justicia, porque el estado de derecho es todo eso, es garantizarle al ciudadano que el que delinque va a ser apresado, va a ser procesado, va a ser juzgado, va a ser condenado. Y que una vez que cumpla su condena pueda volver a la sociedad y ahí nosotros debemos ayudarlo a que se reinserte como corresponde.

Ahí Julio está haciendo un enorme trabajo en este sentido. Es correcto lo que hace, porque es también preocupación del Ministerio de la Nación garantizar que cuando uno cumple su condena, no vuelva al mismo punto de origen que lo llevo a delinquir, que encuentre otra alternativa de desarrollo, de crecimiento. Ahora, para que todo eso sea posible es necesario que la Justicia funcione y que la Justicia funcione quiere decir que tengamos jueces técnicamente preparados, jueces moralmente probos y una Justicia rápida. Las tres cosas son tres condiciones para que el estado de derecho funcione. Y bien decía Axel, los años que nos precedieron no fueron un buen ejemplo. Los espías entremezclados entre los jueces, no son un buen ejemplo. Eso no pasó en la Provincia de Buenos Aires, pasó en el orden federal, pero recordémoslo para que nadie pueda sentirse contaminado por eso o inducido a eso. Los espías, entre los jueces, no son una buena idea, no fueron una buena idea. Usar a los jueces para perseguir opositores, no fue una buena idea. Presionar a gente para que se arrepienta e involucre a otros en las causas, no fue una buena idea. Eso no es el estado de derecho, eso es el mal uso de las instituciones de un Gobierno de turno, y eso nosotros no lo queremos, no queremos nada de eso. Yo sigo esperando que la Cámara de Diputados se digne a tratar la reforma que he propuesto para la Justicia federal, que solo busca eso y acá en la Provincia de Buenos Aires lo que busca es que tengamos herramientas para juzgar al crimen organizado rápidamente, eso es lo que busca. No busca que yo ponga jueces amigos, ni los traslade de un lugar a otro, ni lo ponga como subrogante del juzgado que me conviene, busca que tengamos jueces dignos, éticos, moralmente irreprochables, técnicamente preparados para que la ciudadanía tenga la Justicia que se merece. Yo una y otra vez recurro al estado de derecho, porque soy un abogado, me formé en la Universidad de Buenos Aires, amo la lógica del estado de derecho, no quiero creer que no es posible vivir en un estado de derecho, no quiero creer que los picaros nos ganen, no quiero creer que los sinvergüenzas se salen con la suya. Por lo tanto, celebro. Gracias Jorge, porque este es un enorme esfuerzo para que los jueces tengan un lugar digno donde trabajar, para que los que se han juzgados tengan un lugar digno donde ser juzgados, para los que tienen que cumplir una pena tengan jueces de ejecución penal que controlen, que esas penas se han cumplidas adecuadamente y esto lo vamos a hacer entre todos y todas.

Vamos desde, que ya tenemos un horizonte, más felices que nunca a reconstruir la Argentina que nos merecemos.

Gracias a todos y todas. (APLAUSOS)

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