Palabras del Presidente de la Nación, Alberto Fernández, por el homenaje al Premio Nobel de la Paz Adolfo Pérez Esquivel, en Casa Rosada

Muy buenos días a todos y a todas.

Es un momento difícil, Adolfo, realmente, porque cuando programamos organizar todo esto, intenté reconstruir tus años, tu vida, tu historia, que es una historia maravillosa, expresión de lo mejor de un ser humano, que es comprometerse con los que peor están, con los que padecen, con los que sufren, salir de la comodidad de aquel que no le toca sufrir y abrazarse con los que la pasan mal, con los perseguidos, con los olvidados. Quise recordar tu discurso que, en aquellos años, la dictadura silenciaba y fui a buscarlo. Y la verdad es que todavía muchas de las injusticias de las que hablaban en 1980, que padecía América Latina, todavía se padecen, todavía se padecen persecuciones, todavía esa desigualdad existe, todavía tenemos un sistema donde la riqueza se concentra en pocos y la pobreza se distribuye en millones. Yo te conocí después de que fuiste Premio Nobel y siempre me impresionó que sos Premio Nobel, pero sos un militante de la vida, de la paz y de la no violencia. Hay testimonios que escuchamos hoy mucho más importantes que el mío, testimonio de gente que luchó al lado tuyo, que te vio en esa lucha. Todas las organizaciones de Derechos humanos te vieron peleando con ellos, después que la dictadura te hizo padecer el encierro, la tortura, la persecución y nunca bajaste los brazos, nunca, nunca. Y además lo hiciste predicando la no violencia, predicando la paz, predicando lo mejor del evangelio cristiano. Sos una expresión, la mejor expresión del cristianismo, te lo dice alguien que te admira mucho, de verdad. En tiempos donde el reconocimiento está fundado en otras cosas, en el éxito material, en éxito individual. Vos deberías ser un modelo de todos los argentinos, porque como bien dijo el Papa, nunca te convenciste de que sos un Premio Nobel y seguiste tu lucha inalterable con la humanidad de siempre y con el compromiso permanente.

Las circunstancias han querido que me toque ser Presidente de este país, cuando cumpliste cuarenta años de que recibieras aquel tan merecido premio. Yo quiero decirte que todos los argentinos estamos orgullosos de vos, que si queremos buscar un modelo el modelo sos vos, el comprometerse en la lucha con los que peor están, con los menos tienen, con los que padecen, con los que sufre. Por la lucha tuya, por la lucha de las Madres, por la lucha de las Abuelas, por la lucha de los organismos de derechos humanos, pudimos recuperar de la tragedia a muchos. Yo tengo en el Gabinete a muchos hijos, cuyos padres desaparecieron en los años negros de la Argentina. Ahí está Wado, ahí está Vicky, ahí está Horacio, nos falta Juan Cabandié que no sé si ha venido, pero yo tengo mucho orgullo de contarlos entre nosotros. Y ellos están aquí también por tu lucha, también por tu trabajo. Yo quiero darte las gracias en nombre de todos los argentinos, quiero decirte que nos honrás del mejor modo, y que yo le pido a los argentinos que cuando busquen modelos, estos son los modelos que hay que seguir, el modelo del compromiso personal, el modelo con los que sufren, de estar cerca de los que sufren, el modelo que lucha contra la desigualdad, el modelo de la no violencia, el modelo de la paz.

Gracias Adolfo, gracias de verdad por todo lo que has hecho y por el ejemplo que nos diste. Esto es tuyo. (APLAUSOS)

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