Palabras del Presidente de la Nación, Alberto Fernández, por la primera reunión de gabinete federal que pone en marcha el proyecto de Capitales Alternas, en Río Grande, Tierra del Fuego

Muchas gracias, muchísimas gracias. Yo voy a pedir permiso para hablar sentado porque quiero recurrir a algunos datos, que me van a ayudar a explicar mejor lo que quiero explicar.

Antes que nada, gracias a todos y todas, gracias a Tierra del Fuego toda por recibirme con tanto cariño. Es cierto, Tierra del Fuego no es un lugar más, es un lugar único, es un lugar único, único, para cualquier argentino es un lugar único. Es el lugar donde se termina el continente nuestro, de América Latina. Era la provincia más austral de la Argentina, digo era porque en virtud de eso que contó “Wado”, donde el territorio argentino se amplía hasta el Polo Sur, tomando las tierras que nos corresponden de La Antártida y los mares que nos corresponde de Las Islas del Atlántico Sur, resulta ser que Tierra del Fuego es casi mediterránea ahora, quedó como en el medio de la Argentina toda. Tan acostumbrado a ver el mapa del país sin esa Antártida, que es nuestra, de repente descubrimos que en el centro del país está casi Tierra del Fuego.

Cuando estamos en campaña, acompañamos un día a Mendoza a Anabel Fernández Sagasti, nuestra querida Anabel, y allí presentamos una idea que no es mía, es una idea que le había escuchado a mi querido amigo, José Manuel de la Sota. Él hablaba de la necesidad de que Córdoba tuviera otras capitales para que se descentralizara Córdoba, y cuando fue candidato a presidente hablaba la necesidad de que haya otras capitales, además de Buenos Aires, para descentralizar la Argentina, esa Argentina, que tan bien pintó “Wado” en su discurso, esa Argentina del puerto que todo lo concentró, concentró riqueza, concentró habitantes, concentró el trabajo. Y entonces, ya José Manuel lamentablemente no estaba entre nosotros, pero fuimos a Mendoza y asumimos el compromiso de campaña de poner tantas capitales alternativas como provincias tenía la Argentina, y así lo hicimos. “Wado” trabajó mucho, Luciana trabajó mucho junto con Santiago, mandamos un proyecto de ley, el proyecto de ley se convirtió en ley y había que hacer la primera reunión. Y hablando con “Wado” y con Santiago, dijimos vamos allí a la Tierra del Fuego a hacer el primer encuentro de trabajo, porque es un gran símbolo, es un gran símbolo. Esa Tierra del Fuego que hace tantos años viene peleándola periódicamente, para que no le saquen la Ley de Promoción que tiene. Tierra del Fuego tiene que dejar de necesitar esa ley y los argentinos tenemos que entender que la Tierra del fuego es la Argentina, y hay que cuidarla, y hay que hacerla crecer, como a toda la Argentina, y debe ser un compromiso de toda la Argentina porque si no pareciera ser que la Tierra del Fuego es un pedazo de tierra descolgada, al fin del territorio argentino, donde tenemos que ver como la ayudamos a crecer. Tierra del Fuego es tan importante como cualquier provincia de la Argentina, y los fueguinos son argentinos, y como tales merecen la atención para lograr el desarrollo que merecen en el mismo lugar donde nacieron, trabajan y pretenden morirse.

Así que le dije a “Wado” vayamos allá, a la capital alterna de Tierra del Fuego, vayamos al polo industrial de Río Grande y aquí estamos. Nos privamos de toda la belleza de tu linda Ushuaia, y vinimos acá un lugar con mucho trabajo con su propia belleza, la belleza que da los lugares donde se trabaja, donde se crece, donde se desarrolla. A veces hay menos montañas, hay menos bosques, pero hay muchísima gente que hoy con mucho esfuerzo hace patria entre el frio y el viento de esta zona. Así que reservamos el próximo encuentro a Tierra del Fuego para visitar tu linda Ushuaia, tu gobernación también. Es también la Tierra del Fuego algo que nos conmueve a todos, es la tierra donde pisamos y sentimos fluir nuestro amor soberano, nuestro amor por la soberanía, es la tierra de las Malvinas también, la Tierra del Fuego, es la capital de las Malvinas, la Tierra del Fuego, Ushuaia. Y acá todos los años sabemos de la vigilia que cada noche del 1° de abril hacen los habitantes de Río Grande y de la Tierra del Fuego. Yo cumplo años el 2 de abril, mi próximo cumpleaños lo voy a empezar acá, se los prometo, se los prometo, se los prometo, porque a mí me duele esa tierra usurpada, tanto como a cada uno de ustedes, y valoro y quiero entrañablemente a cada uno de los que lucharon por recuperar esa tierra. Así que el mejor regalo que voy a tener es estar al lado de ellos, de corazón.

Ahora bien, estamos terminando un año muy difícil, muy difícil, un año que nunca imaginamos vivir y que nunca hubiéramos querido vivir, un año que nos tiene a todos enmascarados. A veces me cuesta reconocer quien es quien, porque no termino de ver la cara. Y un año que fue muy complejo, que nos obligó a todos, a todos, a extremar la inteligencia y extremar los esfuerzos para ver como poder resolver el mayor problema que tenemos que afrontar, que era cómo garantizar la vida de nuestra gente, cómo garantizar la salud de nuestra gente. Habíamos recibido un país del que mucho ya hablaron los que me precedieron y que no tengo voluntad de volver a recordar, pero era un país muy difícil de gobernar: endeudado, con una crisis social profunda, con una crisis política profunda derivada de una Argentina dividida, y enemistada, y enojada, plagada de odios Y de esa Argentina nos tuvimos que hacer cargo el 10 de diciembre, era una Argentina, como suelo decir yo, en terapia intensiva, y nosotros cuando empezamos a darles los primeros medicamentos para ver cómo la sacábamos de allí, cayó la pandemia y encima nos contagió. Un país en terapia intensiva que se terminó contagiando en la pandemia. Y con todo, con todo, con todo, nunca bajamos los brazos, nunca. Teníamos la misma preocupación del primer día, sabíamos que en la Argentina había millones de argentinos sumidos en el pozo de la pobreza, argentinos que habían perdido el empleo, 25 mil pymes que se habían cerrado, 3 años consecutivos con caída del consumo. Ustedes mismos vivieron este tiempo y lo único que nos preocupaba era como llegar a todos los argentinos, a cada argentino y a cada argentina para que a nadie le faltara lo que necesitara para tener salud y para tener alimentos, para tener recursos. Y así construimos entre todos, en el gobierno, salidas, inventamos salidas. Nos dimos cuenta que el trabajo registrado corría riesgo, y entonces fuimos allí con el ATP, la Asignación al Trabajo y la Producción, no a sostener empresas, a sostener empleos, a garantizar que en la pandemia nadie se quede desempleado. Primero, castigamos el despido en la pandemia con la doble indemnización, y después garantizamos que todos pudieran seguir confiando en que tenían su trabajo, porque un día la pandemia iba a pasar y necesitábamos darles la garantía de que cuando la pandemia pasara, uno podía volver a trabajar a su lugar habitual de trabajo, y eso funcionó. Y después nos dimos cuenta que había muchos argentinos que no estaban con trabajos regulares, sino que trabajaban en la informalidad y no estaban ni registrados por la Argentina. Pensamos inicialmente que eran 2 millones y medio de personas, terminaron siendo 9 millones de personas, y estaban distribuidas en todo el país, y allí fuimos con el IFE. Un trabajo enorme que hizo el Ministerio de Trabajo, que hizo Fernanda en el ANSES, que hizo la AFIP, para ir detectando donde estaba cada uno de los que necesitaban ayuda y llevamos la ayuda a todos los rincones.

Y déjenme contarles, acá en Tierra del Fuego, 22.630 fueguinos recibieron el IFE. Y créanme que estoy contento que haya sido así, porque de no haber sido así eran 22.630 fueguinos o fueguinas que quedaban en la intemperie, al desamparo más absoluto. Uno sigue mirando y se pregunta cómo repercutió aquí en Tierra del Fuego la Asignación del Trabajo y la Producción. El primer ATP, 1.169 empresas cobraron el ATP, y eso les permitió garantizar su asignación, aquí en Tierra del Fuego, a 15.522 trabajadores. Y eso tuvo mucho sentido, mucho sentido, porque finalmente, recién hablaba el Gobernador del enorme trabajo de la gente de la salud aquí en Tierra del Fuego, yo me sumo al agradecimiento y a la gratitud de los médicos, medicas, enfermeros, enfermeras, terapistas, que acá en la Tierra del Fuego trabajaron cuidando la vida de los fueguinos. Es lo mismo que hicieron nuestros médicos, nuestras médicas, nuestros enfermeros, nuestras enfermeras, en cada rincón del país, solo gratitud hacia ellos. Y por eso, también, les reconocimos un bono para tratar de compensar tanto esfuerzo. Cuando uno mira este año que termina, la Tierra del Fuego recibió una inversión extraordinaria desde el ANSES en concepto de IFE, de ATP y de bono de salud, de 2 mil millones de pesos adicionales. Que se suman a mil millones más que, de modo corriente, nosotros mandamos a Tierra del Fuego para pagar jubilaciones pensiones, asignaciones y otras prestaciones. Ahora, todo este esfuerzo no es el esfuerzo de un presidente, es el esfuerzo de todo un Gobierno y es el esfuerzo de 24 gobernadores que se pusieron, codo a codo, a mi lado a pelearle a la pandemia y a pelearle a una economía que se caía a pedazos. Por lo tanto, yo solo tengo gratitud y reconocimiento para con cada ministro mío, cada funcionario mío, por cada empleado que en este Gobierno nacional trabajó a mi lado para mantener en pie a la Argentina, y es la misma gratitud que tengo para con cada gobernador de la Argentina y por cada intendente de la Argentina, que todos dejamos de lado nuestras posiciones políticas y solo nos dedicamos a poner la Argentina de pie. Porque hay que tener coraje para hacerse cargo de la Argentina arrasada y hay que tener coraje para seguir gobernando cuando una pandemia se lleva puesto el mundo; a ese coraje gracias.

Ahora nos toca enfrentar el desafío del que hablaba Axel, cómo vamos a reconstruir y a poner de pie a la Argentina. Primero algo que quiero que todos entendamos: vamos a hacerlo entre todos y todas, todos y todas tienen un lugar en esta etapa de reconstrucción de la Argentina, nadie debe quedar afuera, porque para reconstruir la Argentina que yo sueño, y que seguramente todos soñamos, la Argentina no es para unos pocos, la Argentina es para todos y todos necesitan tener un lugar en la Argentina.
Por eso, también pensé cuando Jorge Ferraresi el sábado pasado, no antes de ayer sino el anterior, me trajo su idea, su plan, que es un plan realmente muy ambicioso con un esfuerzo fiscal muy grande, que lo hablamos con Santiago, lo hablamos con Martín Guzmán, y que tiene la idea de concretar un número muy importante de viviendas en todo el país. Le dije espera que vayamos a Tierra del Fuego y anuncialo desde allí, porque hoy estamos tomando un nuevo compromiso, que es que a los argentinos y argentinas que no tienen un techo empezar a trabajar para que finalmente lo tengan. Y no que tengan un techo, como bien dijo Jorge, que tengan una vivienda digna de ser vivida. Jorge, como yo, vos también pero no te diste cuenta, somos peronistas. Jorge, como yo, vos también pero no te diste cuenta, somos peronistas. Jorge como yo somos peronistas, Jorge como yo somos peronistas, y muchos, y los que somos peronistas, nunca nos conformamos con lo que podemos darle al otro, porque siempre sentimos que todos merecen más. Y entonces Jorge me dijo con toda razón, “no llamemos más viviendas sociales porque la idea de la vivienda social da la idea de una vivienda que construimos en una suerte de carpa de cemento”. No, vamos a hacer viviendas dignas, vamos a dar la vivienda que merecen tener los argentinos. Y le dije “esperemos llegar a la Tierra del Fuego y lancémoslo desde allí, Jorge”, porque es un plan muy ambicioso, que además, como alguien dijo, creo que fue Axel, no me acuerdo quién lo dijo, la vivienda tiene un efecto motorizador de la economía increíble. No solamente por el empleo de albañiles, de personal de la construcción, sino porque para construir viviendas hacen falta ladrillos que se hacen en Argentina, cemento que se produce en Argentina, madera que sale de la Argentina; la Argentina puede construir viviendas sin necesitar de importaciones. Y por lo tanto, el efecto multiplicador de la construcción de viviendas es enorme, enorme. Hoy lo que hizo Jorge fue tocar la campana de largada a construir viviendas se ha dicho, vamos a hacerlo y vamos a darle a los argentinos las viviendas que se merecen.

Hay además algo muy ambicioso para nosotros, me contaba recién Gustavo en el paso fronterizo el tiempo que tardó el Estado nacional en concluir la ruta que llevaba ese paso fronterizo, y que merced al trabajo de Gabriel, que debe andar por ahí, no sé a dónde anda, lo pudimos terminar. Y me dice “vos no te das cuenta, sabés que nadie pensaba, nadie creía que iba a terminar de construir esa ruta”, la construimos. La realidad es que no queríamos construir esa ruta, queríamos construir mucha infraestructura para que el país se desarrolle. El año que viene, en el Presupuesto que se aprobó, la inversión en la obra pública se multiplicó por dos, porque para nosotros la obra pública es otro mecanismo de integración argentina, es otro mecanismo de dación de trabajo, es otro mecanismo de producción que hace falta para volver a motorizar a la economía. Cuando ustedes, cuando ustedes les digan, porque por ahí aparecen los desanimadores, vamos a llamarlos así, desanimares de cada tiempo, de este tiempo, y les digan el Gobierno está haciendo ajustes, yo les pido que vayan y miren el Presupuesto. y lo comparen con el presupuesto que heredamos. Y van a ver que la obra pública crece y se multiplica por dos, que la inversión en salud crece, que la inversión en educación crece, que la inversión en ciencia y tecnología crece. Y entonces, cuando a mí me dicen ustedes están ajustando, me pongo a mirar el Presupuesto y buscó cuál es la barrita que baja, sí ajustamos, dejamos pagar intereses a los acreedores, ajustamos, efectivamente. Y este año que termina no le pagamos 7 mil millones de dólares que ellos reclamaban cobrar, y el año que viene tenemos este plan ambicioso de vivienda y tenemos este plan ambicioso de obra pública, y queremos mejorar la educación y queremos mejorar la salud, porque no vamos a pagarle a los acreedores 12.500 millones de dólares, que es el compromiso que tomó el Gobierno que me precedió.

Por lo tanto, yo creo que estamos en las mejores condiciones como para pensar que podemos hacer otro país, en este tiempo muchas veces oímos hablar de cuándo volvemos a la normalidad, y yo cada vez que tengo la oportunidad de hablar con dirigentes, con militantes, con ciudadanos y ciudadanas, siempre me pregunto lo mismo ¿a qué normalidad quieren volver? Porque cuando yo miró para atrás, lo que vivimos antes de la pandemia muy anormal fue, yo a esa normalidad no quiero volver más. Yo quiero vivir en un país donde la Tierra del Fuego no tenga que mendigar su condición de provincia y sea parte de la Argentina, y que todos los argentinos entiendan que la Tierra del Fuego es la Argentina, y debemos cuidarla y debemos hacerla crecer como a toda la Argentina. Y quiero vivir en un país que deje de ser pensado con ese país central, donde todo lo concentra, que es el puerto de Buenos Aires, y así se construyó esa cuidad opulenta. Yo soy porteño, orgullosamente porteño, amo a mi ciudad, lo que no amo es salir de mi cuidad, cruzar la General Paz y ver el contraste, eso no lo amo, porque si yo no siento el dolor que el contraste me genera, entonces no soy un buen ser humano, carezco de ética, carezco de moral, carezco de todos los principios más elementales que una persona de bien debe tener. Esa Argentina concentrada que contaba “Wado”, que hace que el 54 por ciento del trabajo registrado esté alrededor de ese puerto, es una Argentina que ya no quiero más. Yo quiero una Argentina que se desconcentre, una Argentina donde todos puedan desarrollarse en el lugar donde nacieron. Yo quiero una Argentina donde la Tierra del Fuego encuentre sus lógicas de desarrollo, que pasen por la industria, que pasen por el turismo, que pasen por el comercio, que pasen por la actividad pesquera, que se desarrolle, que pasen por la producción de gas, que se desarrolle. Y es lo mismo que quiero para Jujuy o Salta. Y quiero un país que le dé a cada rincón de la Argentina la posibilidad de acceder a recursos, a los recursos necesarios para que ese desarrollo se ha posible. Eso es un país normal. Un país normal es un país donde todos tenemos un acceso a la educación y eso no está pasando, un país normal y quedó visto, es un país donde todos tenemos acceso a la salud y eso no estaba pasando, un país normal es un país donde todos tiene la posibilidad de encontrar un trabajo y eso no está ocurriendo. Les digo todas estas cosas, ¿saben para qué? Para que entendamos que debemos cambiar las cosas. Veo muchas mujeres, un país normal iguala a las mujeres a los hombres y les da las mismas posibilidades de trabajo a las mujeres y a los hombres, un país normal no hace diferencia de géneros y a todos los abraza. Eso hace a un país normal, un país normal disfruta de la diversidad no la padece. Fíjense todo lo que nos falta, ¿a qué normalidad queremos volver? No volvamos a esa normalidad, construyamos nosotros la normalidad que soñamos.

Antonio Cafiero decía siempre una frase, que yo le atribuyó a Antonio y dice Santiago que no era de Antonio, que Antonio se la había copiado a alguien, pero Antonio Cafiero decía una frase que yo siempre repito, y que el otro día Axel en un video que pasó también la repitió, aunque no contó el copyright de quien era el titular de la frase, la frase dice “quien sueña solo, solo sueña, pero quien sueña con otro construye otro mundo”. Soñemos juntos ese mundo y hagámoslo realidad.

Gracias a todos y todas, y a ponernos a trabajar que la Argentina que nos merecemos esta por empezar a construirse. Gracias a todos y todas. (APLAUSOS)

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