Palabras del Presidente de la Nación, Alberto Fernández, por la reunión de Jefes de Estado del MERCOSUR al cumplirse 30 años de su creación, en el Museo del Bicentenario, Casa Rosada

Palabras de Bienvenida

Buenos días a todos los señores presidentes; al señor Presidente de Brasil; al señor Presidente de Paraguay; al señor Presidente de Uruguay; al señor Presidente de Chile.
Hemos demorado el inicio a la espera que el Presidente de Bolivia pueda incorporarse, según me anuncian debe estar ya a punto de hacerlo y espero que pueda sumarse muy pronto. Quiero darles a todos la bienvenida a este encuentro, que como bien sabemos es un encuentro que tuvimos que alterar, hubiéramos querido hacerlo de manera presencial, pero las condiciones de la pandemia hicieron difícil que este encuentro se hiciera de ese modo. Así es que así a la distancia, como la última vez cuando el Presidente uruguayo me pasó la posta de la presidencia del MERCOSUR, muy bien, vamos a tener este encuentro de este modo remoto, pero que aún en lo remoto nos va a permitir avanzar en los debates, en las necesidades que el MERCOSUR hoy tiene, precisamente cuando se cumplen 30 años de su creación.

Así que dicho esto, los invito a que veamos, según me dicen acá, un video conmemorativo de los 30 años y después ya iniciamos definitivamente el acto.

Muchísimas gracias, gracias por la paciencia y disculpas por la demora, fue solo la voluntad de esperarlo a ‘Lucho’ Arce. Muchísimas gracias.

Discurso

Reiterándoles mi gratitud por estar allí, quiero agradecer y dar la bienvenida a los presidentes de los Estados Partes del MERCOSUR por su participación en esta conmemoración de los treinta años de la creación del Mercado Común del Sur.

Los treinta años del Tratado de Asunción representan un momento oportuno para realizar un balance honesto del MERCOSUR, que valore los logros alcanzados en el camino recorrido y que también nos permita reconocer las deudas pendientes y los desafíos que tenemos por delante. Estoy convencido de que con el MERCOSUR, nuestros países han dado forma a un verdadero hito para América Latina: somos una zona de paz, sin fisuras, que dialoga y coopera para pensar, que construye en conjunto un camino al desarrollo. Eso es importante para nuestros pueblos e instituciones, pero también es importante para muchos socios, inversores, emprendedores, ciudadanos y ciudadanas de otras latitudes, que desean desarrollar proyectos y promover asociaciones con nosotros. Es un activo intangible que pocas regiones en el mundo pueden exhibir. Debemos estar orgullosos de lo que logramos con nuestra decisión política de dejar atrás viejas tensiones y optar en cambio por una estrategia de unidad y vocación integradora. En estos treinta años, hemos alcanzado consensos muy importantes, fundamentales: el compromiso con la democracia como una condición fundamental para la vida de nuestros pueblos; el respeto por los derechos humanos como un valor esencial e irrenunciable para la convivencia; el reconocimiento de nuestra diversidad.

El MERCOSUR debe proteger a los gobiernos democráticos y a las instituciones que los respaldan. La pandemia y la crisis económica, que de ella se deriva, hacen compleja la tarea de gobernar. Por eso, les propongo aquí mismo la creación de un Observatorio de Calidad de la Democracia, que sea una herramienta para el fortalecimiento de la gobernanza de nuestras naciones. En definitiva, lo que les propongo es un esfuerzo común orientado a comprometernos con la protección permanente y la promoción de la democracia, la promoción de la libertad y la promoción de la paz en la región. Estos logros se han traducido en beneficios tangibles para nuestros ciudadanos, también para nuestras ciudadanas. Nuestro Canciller, Felipe Solá, compartirá con el plenario de Presidentes del Estatuto de la Ciudadanía como muestra de lo que venimos construyendo, para que la identidad común que tenemos como MERCOSUR se fortalezca y siga profundizándose.

Vivimos épocas complejas, la conmemoración de estos treinta años del MERCOSUR nos encuentra atravesados por un imponderable, una pandemia, una pandemia que ha desestructurado las bases mismas del mundo que conocíamos, y que se agrega a desafíos globales preexistentes como el cambio climático, la inestabilidad del sistema financiero internacional y la desigual distribución de los beneficios del comercio y de la tecnología. Hablamos, en todos los casos, de problemas de acción colectiva, que demandan respuestas cooperativas e instituciones regionales y multilaterales capaces de generar compromisos estables. De allí, el rol fundamental que posee el MERCOSUR para actuar como un bloque cohesionado en ámbitos internacionales, donde actualmente se reescriben las reglas de juego. La pandemia no ha hecho más que intensificar y mostrar con mayor claridad las violencias de las que son víctimas las mujeres y niñas en toda su diversidad. Hoy más que nunca es imprescindible contar con mecanismos que nos permitan combatir la violencia por motivos de género, hacerlo de un modo integral y transversal. Es por ello que también les proponemos la creación de un Observatorio para la Prevención de la Violencia de Género del MERCOSUR, como parte fundamental de los compromisos que hemos asumido, para alcanzar la igualdad sustantiva en nuestra región.

Desde su creación, tres décadas atrás, el MERCOSUR nos ha permitido avanzar desde una lógica de rivalidad hacia una de cooperación. Fue y es un espacio catalizador de principios y valores que compartimos, que ha favorecido la consolidación de las instituciones democráticas en la región y ha sentado las bases para dejar atrás el peligro de las dictaduras y los gobiernos de facto. El proceso de integración nos permitió reconocer, asimismo, la importancia de construir confianza mutua, y por eso la cooperación dentro del bloque se extendió a numerosos ámbitos, desde empleo, educación, derechos humanos, ciencia y tecnología, hasta defensa y usos específicos y pacíficos de la energía nuclear. En la actualidad, nuestros ciudadanos pueden radicarse en otro país del bloque y trabajar libremente de manera fácil; algo que no es común en el resto del mundo. También deberíamos destacar el Parlamento del MERCOSUR, el PARLASUR, que se constituyó en 2006 y conforma una realidad institucional, que refleja el pluralismo y las diversidades de las regiones. Por supuesto, el MERCOSUR ha sido fundamental como plataforma de desarrollo económico y comercial. Comenzando en 1991, creamos una zona de libre comercio para que nuestros bienes y servicios circulen sin restricciones, y también fijamos un arancel externo común. Esto permitió que nuestro comercio creciera vigorosamente. Nuestro bloque exporta anualmente más de 120 mil millones de dólares en alimentos, ese número nos coloca en una posición de relevancia internacional y es central en nuestras negociaciones comerciales, respecto de todo el mundo. Debemos hacer valer nuestra capacidad de producción de alimentos y mejorar las condiciones que enfrentan nuestros productos para ingresar a los mercados externos, al mismo tiempo que nos abrimos al comercio internacional.

En estos años, también conseguimos promover un intercambio de productos con valor agregado entre nuestros socios, que dinamizó actividades de exportación no tradicionales y creadoras de puestos de trabajo de calidad, en rubros como biocombustibles, química y petroquímica, plásticos, productos farmacéuticos, siderurgia, automotriz, servicios basados en el conocimiento, que sé yo, muchos otros. Efectivamente, mientras que los países del MERCOSUR son tradicionalmente fuertes exportadores de productos primarios, gran parte de las exportaciones que se realizan entre los socios del bloque son productos industrializados. Durante la primera década de integración, el incremento del comercio intra-MERCOSUR fue mayor al global y triplicamos el comercio entre nosotros, si lo comparamos con el inicio del proceso de integración. Un comercio que creció en volumen, pero también en calidad y valor agregado. Al mismo tiempo, hemos trabajado en la armonización de reglamentos técnicos para que estos brinden seguridad a la producción y a los consumidores, sin afectar innecesariamente el comercio.

El MERCOSUR también ha sido protagonista de nuestra inserción externa. Desde sus primeros años, el bloque buscó avanzar en acuerdos comerciales con todos los países de la región, lo que permite que hoy se haya construido un área de libre comercio con la mayor parte de los países de América Latina. Asimismo, hemos negociado también acuerdos comerciales con la Unión Europea, la EFTA, Israel, Egipto, India, los países del sur de África, entre muchos otros. El MERCOSUR no es un bloque cerrado al comercio exterior, sino una plataforma para que nuestros países se proyecten al resto del mundo. Efectivamente, hoy en día el MERCOSUR cuenta con una de las agendas comerciales más dinámicas del planeta. Tiene negociaciones activas con siete contrapartes que comprenden 36 naciones: la Unión Europea, la Asociación Europea de Libre Comercio, Canadá, Corea, Líbano e Israel y unos primeros diálogos exploratorios con Vietnam e Indonesia. Hemos hecho propuestas negociadoras a nuestros socios de América Central y República Dominicana, tenemos conversaciones con India y aspiramos a iniciar un diálogo con la Unión Europea, con la Unión Euroasiática, perdón, y en diseñar una estrategia de inserción en África.

Sería muy difícil tener una mirada idéntica sobre plazos y prioridades de nuestra agenda externa. Por ello, es preciso partir desde una visión pragmática que nos permita consensuar una agenda común. No una agenda de cada semestre, sino una agenda de mediano plazo, que trascienda las urgencias políticas, fije prioridades, esté interrelacionada con la consolidación interna del bloque y que esté profundamente anclada en una visión de desarrollo de nuestros sectores productivos. La inserción del MERCOSUR en la economía global debe darse en favor de nuestros sectores productivos y no en su contra. El bloque tiene la responsabilidad de desarrollar políticas conjuntas de desarrollo de ventajas competitivas que sirvan para distribuir, equitativamente, a las ventajas de la integración regional entre los socios. De igual manera, necesitamos redoblar nuestros esfuerzos para alcanzar resultados satisfactorios en otras cuestiones, que también son centrales, como el perfeccionamiento del arancel externo común y la coordinación de políticas macroeconómicas, para continuar avanzando hacia el concepto de mercado común al que se aspiraba en 1991.

Nuestros cuatro países se encuentran actualmente trabajando en la revisión, precisamente del Arancel Externo Común, con vistas a impulsar la competitividad del bloque y una mayor integración a las cadenas regionales y globales de valor, como mencionáramos en nuestro comunicado conjunto del 16 de diciembre pasado. La Argentina ha sido, en ese sentido, muy pragmática en sus propuestas y trabajos metodológicos de revisión de este importante instrumento, tras 25 años de un Arancel Externo Común que ha atravesado diversos cambios, adaptándose a los intereses de los socios. Sin embargo, no creemos que una reducción del Arancel Externo Común parcial y lineal para todo el universo arancelario, sea el mejor instrumento frente a la posibilidad de nuevos acuerdos con otros países. Preferimos continuar con la metodología con la que viene trabajando el Grupo ad-hoc sobre la materia. En la reunión de ese grupo, del 22 de abril último, próximo perdón, del próximo 22 de abril, vamos a trabajar sobre ésta y otras cuestiones solicitadas con la presencia de nuestros cancilleres. La propuesta argentina en materia de revisión del Arancel Externo Común se basa en preservar el equilibrio entre los sectores agroindustriales e industrial; corregir las actuales inconsistencias para lograr un mayor estímulo a la agregación de valor, tomando en cuenta las negociaciones MERCOSUR con terceros; y finalmente darnos los tiempos de implementación necesarios, a fin de no erosionar nuestras estructuras productivas. Aspiramos, de verdad, a alcanzar el consenso con los socios hacia el fin de nuestra Presidencia Pro Tempore, de forma tal que atienda los intereses de todos, y sea posible su aplicación en el futuro próximo.

El panorama de la economía y el comercio internacional desde 2019, cuando empezamos el proceso de revisión del Aranceles Externos Comunes, hasta ahora, con el impacto de la pandemia, ha cambiado. Las economías del mundo demuestran una renovada apuesta por la asociación regional y la conformación de cadenas de valor más cortas y previsibles en un contexto de incertidumbre global absoluta. Por eso, debemos hacer una revisión racional y pragmática orientada a lograr mayor competitividad y a obtener resultados que beneficien el desarrollo de nuestras economías y la generación de empleo para los ciudadanos y para las ciudadanas del MERCOSUR. Creemos que el sentido de la integración es buscar acuerdos respetando la diversidad de nuestros países. Aun cuando pensemos de manera diferente en ciertos temas, debe primar la voluntad de querer integrarnos, de construir una agenda común. Nuestros países impulsan un regionalismo solidario en materia política, económica y también social, porque sabemos que enfrentar las dificultades unidos nos hace más fuertes. En este difícil momento de emergencia sanitaria global, agregaría también el concepto de regionalismo sanitario solidario, porque tenemos las capacidades humanas y materiales para trabajar cooperativamente y solidariamente, a fin de llevar alivio y soluciones a nuestros pueblos, y particularmente a los sectores más vulnerables; allí donde el Estado es el depositario de la esperanza de los pueblos para asistir y dignificar su vida cotidiana.

Tenemos que reforzar nuestra agenda ambiental y avanzar de esta manera hacia un desarrollo integral y sostenible, que fortalezca el bienestar de nuestros pueblos, creemos que esa es una responsabilidad de hoy hacia el futuro del MERCOSUR. Por eso, quiero proponerles la creación de un Observatorio de Medio Ambiente para visibilizar los activos ambientales de nuestra región, sostenerlos frente a quienes cuestionan o desconocen, desde otros foros internacionales, el desarrollo sostenible con el que estamos comprometidos. Nuestro peso específico es en conjunto, a todos nos conviene, independientemente de nuestra extracción partidaria o ideológica, un bloque más fuerte, más unido, con más protagonismo y capaz de generar intereses regionales de largo plazo.

Creo firmemente que somos capaces de reconocer lo mucho que se hizo, y lo mucho que falta por hacer. El trabajo por delante nos exige creatividad, generosidad y compromiso. Como se dejó constancia en el Tratado de Asunción, tenemos como objetivo el desarrollo económico con justicia social y debemos alcanzarlo mediante el más eficaz aprovechamiento de los recursos disponibles, la preservación del medio ambiente, el mejoramiento de las interconexiones físicas, la coordinación de las políticas macroeconómicas y la complementación de los diferentes sectores de la economía, con base en los principios de gradualidad, flexibilidad y equilibrio. A treinta años de la creación del MERCOSUR, este objetivo y estos medios siguen vigentes. Casi trescientos millones de habitantes, en cerca de quince millones de kilómetros cuadrados de territorio, nos invitan a redoblar esfuerzos y profundizar la voluntad de caminar juntos. Nuestros pueblos lo merecen, vamos por muchos años más de MERCOSUR.

No quiero dejar de agradecer el permanente respaldo de los Estados Partes y los Estados Asociados del MERCOSUR a los legítimos derechos de la República Argentina en la disputa de soberanía relativa a la Cuestión de las Islas Malvinas, su rechazo al desarrollo de actividades unilaterales británicas que incluyen, entre otras, la explotación de recursos naturales renovables y no renovables del área en controversia, y también su llamado a retomar el diálogo para alcanzar, cuanto antes, una solución a la prolongada disputa de soberanía bilateral, de conformidad con las resoluciones pertinentes de las Naciones Unidas y las declaraciones de la Organización de los Estados Americanos, del MERCOSUR y de otros foros regionales y multilaterales. La recuperación del efectivo ejercicio de nuestra soberanía sobre las Islas Malvinas, Georgias del Sur, Sandwich del Sur y los espacios marítimos circundantes, conforme el derecho internacional y respetando el modo de vida de sus habitantes, es un objetivo permanente e irrenunciable del pueblo argentino y constituye una política de Estado. El apoyo de los países del MERCOSUR es, en tal sentido, invaluable.

Yo les agradezco a todos el tiempo que me han dispensado, tengo mucho interés de poder escucharlos, tengo todo el deseo de que podamos construir juntos en este tiempo difícil el MERCOSUR que hace falta. Este no es un tiempo de individualidades, es un tiempo de unidad. Nadie se salva solo, suele decir el papa Francisco, y tiene razón, nadie se salva solo. Trabajemos más unidos que nunca porque millones de argentinos, de uruguayos, paraguayos, brasileros, bolivianos y chilenos esperan que es lo que precisamente hagamos.

Gracias a todos por el tiempo.

Palabras de Despedida

Les quiero dar las gracias a todos por el tiempo, por haber participado de este encuentro conmemorativo de los treinta años del MERCOSUR. En estos treinta años, yo estoy seguro que hemos avanzado vertiginosamente en la región, inclusive en los últimos tiempos, en los últimos tiempos hemos podido trabajar más y mejor con el Gobierno de la República de Brasil; lo mismo con Paraguay con ‘Marito’ Abdo; con el Gobierno de Chile inclusive, de Sebastián Piñera, a quien visité hace poco tiempo y él con enorme generosidad me recibió, y allí pudimos empezar a sellar ese acuerdo que él ha propuesto extender a todos los demás, y yo también hago propicia su propuesta de que podamos extender un cable submarino que nos de conectividad con Asia, una mejor conectividad con Asia, en un tiempo donde la conectividad es central para nuestro desarrollo. También con los hermanos de Bolivia, tenemos el Gobierno más hermanado que podíamos tener con Bolivia, así que felices de poder trabajar con él; y por supuesto también con el pueblo del Uruguay, el pueblo del Uruguay que es pueblo hermano de la Argentina inexorablemente.

En estos diez años, ha habido momentos difíciles, dificultades que superar. Yo quisiera quedarme con la expresión de la mayoría de todos nosotros, que es la expresión de seguir encontrando mecanismos para avanzar, mecanismos de consenso, y que fundamentalmente todos podamos sentirnos hermanos. Si nos hemos convertido en otra cosa, en una carga, lo lamento, la verdad es que no queríamos ser una carga para nadie, porque además una carga es algo que hace que a uno lo tiren de un barco, y lo más fácil es bajarse del barco, si es que esa carga pesa mucho. Así que lo que hago hincapié es que terminemos con esas ideas que ayudan tan poco a la unidad, en un momento donde la unidad tanto nos importa. No queremos ser lastre de nadie, si somos un lastre que tomen otro barco, pero lastre no somos de nadie. Para mí es un honor ser parte del MERCOSUR, es un honor estar trabajando junto a ustedes. Tengo la misma esperanza que tuvieron los fundadores del MERCOSUR en poder avanzar y trabajar conjuntamente. Y creo que lo podemos hacer en circunstancias difíciles, en obviamente en condiciones que son exactamente las mismas, pero respetándonos, respetándonos mucho.

Gracias a todos por haber participado de este aniversario. Los abrazo a la distancia, espero pronto poder verlos personalmente y poder estrecharlos en un abrazo.

Gracias de vuelta, por este tiempo.

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