Palabras del presidente de la Nación, Alberto Fernández, por videoconferencia, en la XXVII Cumbre Iberoamericana de Jefes de Estado y de Gobierno, desde Olivos

Muy bien, espero que ahora hayamos resuelto el problema del audio y llegue bien mi voz. Muchas gracias. Quiero comenzar por saludar a su Majestad, el Rey de España; al señor presidente del Reino de España, mi querido amigo Pedro Sánchez; muy especialmente a la Sra. Secretaria General Iberoamericana, mi amiga, Rebecca Grynspan; al Señor Secretario General de las Naciones Unidas, António Guterres y al jefe de Gobierno de Andorra y a todos los jefes de Estado, que están participando de esta importante Cumbre: esta reunión de jefes de Estado y de altas autoridades iberoamericanas es – por demás – oportuna y significativa.

Nos encontramos en el medio de una calamidad universal, conmovidos por el dolor y la turbación de nuestros pueblos. Hoy, más que nunca, tiene sentido el apotegma, que – alguna vez – mencionó Juan Perón: “Unidos o dominados”. Unidos por la solidaridad, o dominados por el miedo; unidos por la integración creativa, o dominados por la división infértil; unidos por la justicia social, o dominados por la codicia.

La serie de ideas y coincidencias que hemos plasmado, en las jornadas preparatorias de esta Cumbre, demuestra que nuestros países pueden sentarse a la mesa de la agenda global con un claro rumbo de desarrollo sostenible, inclusivo y conectado.

Me comprometo – como Presidente, de la Argentina – a transmitir esta voz, en la próxima Cumbre del G-20, e invito a los países hermanos, que nos acompañarán en dicho ámbito, a ser también eco de este clamor iberoamericano.

Las coincidencias conceptuales, a las cuales hemos arribado, son de enorme significación. Demuestran que, más allá de visiones coyunturales distintas e ideologías diversas, nuestra región puede ponerse de acuerdo cuando se trata de soñar juntos un mañana diferente.

A la pandemia del COVID-19 no podemos ni debemos sumarle la pandemia de la jibarización de ideales y horizontes.

La integración innovadora, y no la vana disputa, es el motor de nuestro futuro.

Las coaliciones multilaterales, y no los esfuerzos propios, de lobos solitarios, son el camino de salida de esta crisis.

Los puentes de la cultura del encuentro, y no los muros de la cultura del descarte, son los valores que deben unirnos.

El diálogo diverso y sinfónico, y no los cantos de sirena del conflicto estéril, resulta ser la clave para crecer como región.

Desde la Argentina – en el marco de la Comunidad Iberoamericana – asumimos el desafío de reconstruirnos mejor; asumimos el desafío de hacer de esta crisis una oportunidad, de pensar y trabajar juntos en la construcción de consensos, comenzando por los más vulnerables para llegar a todos los miembros de nuestra sociedad. Recordar: primero, los últimos.

No es el tiempo de las recetas fracasadas, ni de recorrer caminos, que conduzcan a más de lo mismo. Es el tiempo de la audacia creativa y la cooperación.

La reconstrucción de nuestra región requiere, de una triple y novedosa arquitectura: en primer lugar, la arquitectura para la justicia social de las vacunas.

El saldo actual de la pandemia, del COVID-19, nos demuestra que la innovación inclusiva no es moneda corriente. Los auspiciosos resultados alcanzados – por la comunidad científica internacional – en el desarrollo de vacunas y tratamientos del virus no se han distribuido de manera equitativa.

La distribución universal de las vacunas tiene un rol clave, en la recuperación post-pandemia. La iniciativa COVAX, aunque valiosa, es claramente insuficiente y debe ser potenciada para superar las dificultades que experimentamos, en materia de abastecimiento a países en desarrollo de renta media y baja.

Se impone el perfeccionamiento de la arquitectura global de la salud, a través de la adopción de una resolución sobre la reforma del sistema de preparación y respuesta, a emergencias de la Organización Mundial de la Salud (OMS).

Tenemos que ser capaces de diseñar un verdadero tratado internacional sobre pandemias, que complemente la actual normativa sanitaria y refuerce el rol de la OMS.

Se impone hacer un llamado a los países para adoptar soluciones en el sistema multilateral. La OMS, a la hora de reconocer y homologar las diferentes vacunas y medicamentos y también a la Organización Mundial de Comercio, a fin de trabajar un sistema que reconociendo las patentes, promueva activamente un sistema efectivo de concesión de licencias, que garantice la oferta global de vacunas. Y que lo logre en base a una cadena productiva, que maximice las capacidades de fabricación, de cada rincón del planeta y la integre eficazmente para alcanzar una inmunidad global y un sistema de control eficiente de futuras pandemias.

Es indispensable profundizar la transferencia de tecnologías y la cooperación financiera internacional, sin exclusiones.

En esta línea hemos presentado – junto al Reino de España – un Comunicado Especial sobre: “Acceso a financiamiento externo para combatir la pandemia del COVID-19”.

Hace falta también, en segundo lugar, para la arquitectura hacia un financiamiento solidario climático: la contribución de América Latina y el Caribe, en materia de cambio climático y biodiversidad, debe ser reconocida por la comunidad internacional, a partir de un decidido apoyo técnico y financiero.

Necesitamos mecanismos financieros innovadores para fomentar el desarrollo sostenible, como los planes de pago eficientes y efectivos por servicios ambientales, de acuerdo a los enfoques nacionales.

Promovemos esquemas de financiamiento sostenible para la preservación de los bienes naturales, que impulsen mecanismos de pago por servicios eco-sistémicos y el posicionamiento del concepto de deuda ambiental.

Un canje de deuda por clima debería ser seguramente el mecanismo capaz de vincular a los procesos de pago de deuda con la acción climática. Este es el puente inter-generacional, que tenemos que ser capaces de construir, en Iberoamérica.

En tercer lugar, necesitamos una arquitectura financiera inclusiva de los países de ingresos medios: en el mundo, los países de ingresos medios son el hogar del 75% de la población, pero también el lugar donde se radica el 62% de la pobreza.

Así, los países de renta media deben ser considerados como prioritarios – al momento de la asignación de recursos financieros – para la mitigación y adaptación contra el cambio climático.

Una recuperación que no incluya a los Países Emergentes y de Renta Media, no merece llamarse: “recuperación”. No sólo será: “más de lo mismo”, sino que será: “peor de lo mismo”.

Necesitamos también medidas financieras más ambiciosas. Es imperativo, que iniciativas de alivio de deuda y prórroga de la Iniciativa de la Suspensión de Servicios de Deuda (DSSI) se extiendan a los Países de Ingreso Medio, con alta vulnerabilidad promoviendo asimismo nuevos horizontes de pago y tasas más flexibles, junto a una consideración de riesgo crediticio, adaptada a las actuales circunstancias.

En materia de Derechos Especiales de Giro, se impone avanzar con el debate vigente, en torno a una cesión de los mismos a los países en desarrollo, incorporando elementos de acción climática de los países beneficiarios, de tal manera que se establezca una relación virtuosa entre el alivio financiero y el cuidado ambiental.

Como lo ha mencionado, lo ha dicho, en su magnífica carta – dirigida a esta Cumbre – nuestro querido Papa Francisco, las poblaciones más vulnerables no pueden quedar excluidas de esta redistribución, que inyectará liquidez al escenario económico mundial.

Cito a nuestro Papa Francisco y cito también a quien ha sido uno de sus filósofos más admirados, el uruguayo Alberto Methol Ferré, quien señaló alguna vez un pensamiento que hoy tiene enorme actualidad:
“Si no nos integramos, seremos el “coro” de la historia. Como ocurre en el teatro griego, donde el coro interviene sólo para comentar la gesta de los protagonistas”.

No nos resignemos a ser comentaristas impotentes de la tragedia de una civilización, que se derrumba. Seamos protagonistas unidos, solidarios y organizados de una civilización que se reconstruye para integrar a todos y todas. Iberoamérica, iberoamericanas e iberoamericanos, es ahora o nunca.

Culmino mis palabras para referirme al apoyo unánime, al Comunicado Especial sobre la Cuestión de las Islas Malvinas, que estamos adoptando.

Agradecemos – como argentinos – a los países iberoamericanos el respaldo continuo al llamado a la reanudación de las negociaciones entre el Gobierno argentino y el del Reino Unido para encontrar una pronta solución a la disputa de soberanía sobre las Islas Malvinas, Georgias del Sur y Sándwich del Sur y los espacios marítimos circundantes.

Termino felicitando a la República Dominicana, país hermano que asume la Secretaría Pro Tempore, de la Conferencia Iberoamericana, para el próximo bienio.

El mundo se arriesga a una recuperación incompleta, desigual e insostenible. Actuemos juntos para evitarla. Salvarse sólo es el espejismo de los que perecen en el desierto; salvarse – como comunidad – es la luz, que alumbra el camino de salida, aún en medio de las más negras tempestades.

Muchísimas gracias.

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