Palabras del Presidente de la Nación, Alberto Fernández, tras la entrega del premio Juana Azurduy a la lucha por los Derechos Humanos, en el Museo del Bicentenario, Casa Rosada

Muchas gracias. Buen día a todos y todas, buen día queridas Madres, queridas Abuelas.

La verdad que es muy difícil hablar después de tres discursos, como los que me tocó escuchar, el cuarto es el de Horacito. Escuchaba con mucha atención las palabras de Estela, cuando advertía que jóvenes habían cometido esa locura de hacer lo que ellos llamaban una representación, colgando bolsas mortuorias con nombre y apellido en las puertas de la Casa de Gobierno, y con esa generosidad con la que Estela habló de ellos y los trató de jóvenes. Y a veces me pregunto si no tendremos que seguir haciendo docencia, porque hay muchos jóvenes que no entienden muy bien, porque gracias a Dios llevan 45 años de aquel golpe terrible, y llevan ya muchos años de democracia, y han nacido en democracia, y no entienden lo que ha sido la violencia perversa, siniestra y arrolladora de aquella dictadura. Yo entré a trabajar al Ministerio de Economía cuando volvió la democracia con Raúl Alfonsín, y ahí lo conocí al marido de Nora y al hijo de Nora, que los dos trabajaban, y ahí el hijo me contó lo que había sido la penuria de
todos esos años.

Yo quisiera quedarme con eso que dijo Estela, y aprovechar este encuentro de hoy para explicarle a los jóvenes, a los más jóvenes, a los que tuvieron
la suerte de haber nacido y haber crecido en democracia, que hubo un tiempo de la Argentina a donde la democracia no existía, donde además los atropellos fueron tremendos, porque no fueron solo atropellos a la ideología del otro, o a lo que el otro creía, sino que se llevaron la vida de gente inocente que pagaba con su vida el solo hecho de pensar. Y así acumulamos decenas de miles de argentinos que terminaron muertos, que terminaron desaparecidos, que terminaron torturados o exiliados. Hubo un tiempo de la Argentina, donde a la sociedad, como decía Lita, le daba miedo enfrentar esa realidad y no sabía cómo enfrentarla. Y pasaba eso que decía Lita, que al segundo o al tercer día de estar en casa de un pariente le decían “¿no tenés otro lugar donde ir?” Porque empezaban a sentir miedo ellos, porque había una campaña implacable en los medios hablando de que finalmente estaban persiguiendo terroristas subversivos, y detrás de esa definición se cargaron a la vida de miles, miles, de argentinos y argentinas.

En esa sociedad que estaba tan aterrada, apareció un día un grupo de madres, que empezó a plantearle a los dictadores, a los genocidas, empezó a preguntarle dónde estaban sus hijos y empezamos a ver con asombro el coraje de esas madres. Yo recuerdo una foto de Víctor Bugge, que es el fotógrafo de presidencia, que sacó un día de mucha lluvia desde algún balcón de la Casa de Gobierno. En esa lluvia no había un auto que circulara por Plaza de Mayo, pero había un grupo de 30 o 40 madres bajo la lluvia, pidiéndole a los dictadores una respuesta. Para mí esa fotografía es la imagen de lo que fueron las Madres y las Abuelas, un conjunto de mujeres que tuvo el coraje que no tuvo el resto de la sociedad, y que por solamente por eso son inmensas, inmensas, porque se animaron a lo que el resto de la sociedad no se animó, en una gran soledad, impulsadas por el amor que uno tiene por su hijo seguramente, o por su hija.

Si uno quiere entender cómo fue el recorrido de todos esos años que culminaron con los años donde reclamaron por encontrar a sus hijos, y después empezaron a reclamar por sus nietos nacidos en cautiverios, si uno quiere entender cómo fue ese tiempo, yo les recomiendo que lean el libro de Victoria Montenegro. Victoria, hace unos meses, me trajo un libro de su historia, ¿Hasta Ser Victoria, se llamaba? Hasta Ser Victoria. En ese libro hay unas cuantas páginas de (salto de audio), Horacio. Pero ahí tienen la mirada de una víctima a la que le quitaron su identidad, se la cambiaron, y todo lo que tuvo que recorrer para poder asumir y entender quién era y quién es. Y yo recomiendo que lo hagan casi como un manual de estudios, para entender lo que pasó, para entender la gravedad de lo que nos pasó como sociedad. La verdad es que vivimos una tragedia y esa tragedia tuvo un grupo de mujeres que emergieron de la sociedad, plantándose sin ninguna duda con el amor que a un padre le impulsa su hijo, o su hija.

Con Horacio nos planteábamos qué hacer este 24 de Marzo, porque era otro año con pandemia, porque era difícil salir a las calles, porque las Madres que están y las Abuelas que están repletas de amor cuidan a los argentinos, y por eso no salen, y por eso se cuidan, y por eso no promueven el encuentro para que los contagios no se favorezcan. Y se nos ocurrió pensar en un premio, para cada madre y para cada abuela, y así surgió este premio Juana Azurduy. Juana Azurduy fue una mujer increíble, enorme, tiene acá tras un monumento impresionante, una mujer que luchó por la independencia de América Latina, y es un gran símbolo de las mujeres luchadoras. Y entendimos que era un buen momento para darle el premio Juana Azurduy, que instituimos por decreto a cada Madre y a cada Abuela que hoy nos acompañan, por la enorme lucha que protagonizaron. Las Madres a esa altura de los acontecimientos no son Madres y Abuelas, son definitivamente un modelo a seguir por cada argentino y por cada argentina. Ellas por ahí no se dieron cuenta, no lo advirtieron, pero la sociedad las terminó viendo como un ejemplo, como un modelo de conducta, como un modelo de lucha, como un modelo de compromiso. Su tarea fue inmensa, en el mundo entero es reconocida. Lo que contó Estela de cómo desarrollaron el banco genético y cómo después el grupo de antropología forense fue creciendo, hasta permitir desarrollar una técnica que el mundo prácticamente no conocía, casi nos hizo expertos en la materia, lamento tener que ser experto en esa materia, pero nos volvimos expertos por la enorme lucha de las Abuelas y de las Madres. Y también la lucha de los hijos, y la lucha de los nietos también, porque también hay que reponerse al dolor de saber lo que ha pasado, hay que reponerse a todo eso.

El sábado estuvimos con Tati en la ESMA en un acto donde hijos rendía homenaje a los trabajadores desaparecidos y muertos, y allí nos acompañó también Estela por el zoom. Y están importante mantener viva la memoria y mantener claro lo que paso, y hacer docencia con las nuevas generaciones, y entender que detrás de cada actitud donde se glorifica la muerte, en verdad se vuelve abrir la llaga del dolor de una Argentina que muchos argentinos padecimos; vivimos y padecimos. Yo la escuchaba a Lita recién recordar el Festival de la Canción de Buenos Aires que ganó Astor Piazzolla con la balada para un loco y recordar la imagen del mismo lugar donde escuchó los 100 años de nacimiento de Piazzolla, haber escuchado una Balada para un Loco cantado por Lita y en aquellos años acompañados por sus hijos. Es tremendo lo que paso. No hay ninguna razón para que alguien le arrebate los hijos a Lita como se lo arrebataron. No hay ninguna explicación posible, ni ninguna justificación admisible, ninguna. Y cuando la escucho a Tati y la escucho a Estela, y como las conozco mucho, sé que hablan desde el alma y dicen no tenemos venganza, no venimos con rencor, venimos a pedir justicia, verdad y justicia, y sembremos arboles porque con la siembra de un árbol se siembra vida y se construye memoria. Creo en eso, creo en eso.

Por eso cada 24 de Marzo es un día aciago para nosotros, pero, sin embargo, ese 24 de Marzo nos mostró a un grupo de mujeres impresionantes, que fueron capaces de hacer lo que la sociedad no hacía, movidas por el amor a sus hijos sin ninguna duda, que es el amor más noble, porque es el amor más incondicional el amor de un padre con su hijo o una madre con su hijo o hija. Y gracias a Dios que nacieron, gracias a Dios que existieron, gracias a Dios, porque nos subieron la vara muy alta y nos hicieron hacer una mejor sociedad. Y este premio que ustedes están recibiendo que, además, sépanlo, es la primera vez que firmo junto con Cristina algo, que a mí me llamó la atención porque nunca firmamos juntos, porque por las funciones de uno y de otro nunca coincidimos en la firma. No saben lo contento que me pone que Cristina y yo le entreguemos a cada uno de ustedes, a cada una de las Madres que van a recibir su diploma en el interior del país, no saben lo contento que me pone que ustedes tengan este reconocimiento. Que no es el reconocimiento de Cristina y mío, es el reconocimiento de una sociedad que tiene memoria, que recuerda y que sabe que hay en el medio de la tragedia argentina hubo un grupo de mujeres con el coraje que la sociedad no tuvo, y que el coraje de esas mujeres nos permitió ver lo más cruel y lo más miserable de aquella dictadura.

Gracias Abuelas, gracias Madres, las quiero mucho. Muchas gracias a todos y todas. (APLAUSOS)

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